Decir que la desesperación corría por todo el ser de Andrés era abismal, es reducir lo que realmente pasaba. A pesar de que intenta comportarse sereno, le es imposible, pues sus manos tiemblan. Mientras firma el alta voluntaria del hospital, su madre y Matteo hacen los arreglos para volar de una sola vez hasta Durango y de ahí hasta donde estuvieran los García. Mientras tanto estos tenían que lidiar con los restos de lo que por un momento fue la casa de sus sueños. Ese día, temprano viajaron hasta dónde una vez estuvo su hogar solo para comprobar que todo yacía envuelto en cenizas. Ahí quedaban los vestigios de la felicidad y los restos de un sueño que nunca se logró alcanzar. La vida ha sido demasiado injusta con ellos, dándoles algo que nunca habían imaginado tener. Un hogar en donde

