Todo pasa, todo comienza y luego, cuando menos piensas, tiene un final. Zil se desangraba de a poco, los médicos fueron los primeros en intervenirla e ingresarla a cirugía de inmediato. Por otro lado, a Andrés tuvieron que estabilizarlo para después ingresarlo también. Dos personas, dos familias que se reunían en una sala de hospital con la misma fe, la misma esperanza de que ellos salieran bien de la operación. A pesar de que eso era la prioridad en ese momento, para otros miembros lo era también atrapar a la culpable. —Creo que debemos largarnos en cuanto Zil se recupere, deberíamos mudarnos lejos, donde nadie la conozca para que por fin esté a salvo —sugiere con un tono resolutivo Fer a sus padres. —Hijo… —No mamá, ¿cómo es que a ella la siguen todas las desgracias de la vida? ¿

