La noche permanecía estrellada bajo la tenue luz de la fogata, conforme avanzaban las horas los familiares se fueron marchando uno a uno a sus aposentos, incluyendo a Zil y su hija quien cansada solo dormía. Andrés las acompañó a su habitación y una vez que se aseguró que estuvieran cómodas se marchó a su habitación. Ninguno de los dos podía dormir, él pensando en Zil y ella a su vez en él. Daban vueltas en la cama cual enamorados. Desgastada por no poder dormir salió al balcón a admirar las luces del cielo, meditaba si su reciente relación con Andrés fuera un augurio de cosas buenas. No por lo económico, sino porque cuando estaba con él se sentía distinta. Siempre estuvo protegida por su familia, pero él le daba la libertad que ocupaba y aun así se sentía segura. Un toque en la puer

