Isabella estaba nerviosa, era el día de su boda con Henry y todo tenía que salir perfecto, había elegido un vestido blanco de encaje, con un velo que le cubría el rostro, llevaba un ramo de rosas rojas, el símbolo de su amor se miró al espejo y se sintió hermosa, estaba a punto de casarse con el hombre que amaba, el que la había apoyado en sus sueños, el que la había hecho feliz. Pero había algo que la atormentaba, un secreto que no le había contado a Henry, un secreto que podía arruinarlo todo. Isabella era la autora de las novelas que Henry editaba y admiraba, las novelas que firmaba con el seudónimo de Noah, las novelas que habían unido sus destinos. Isabella había empezado a escribir desde muy joven, impulsada por su pasión por la literatura, pero en los años 1900, las mujeres no e

