UNDIA DE CAMPO

1290 Palabras
Isabella se despertó con una sonrisa en los labios, había recibido una llamada de Henry la noche anterior, invitándola a pasar el día de campo con él en la orilla de un lago, le había dicho que quería sorprenderla con algo especial, pero que no le podía revelar de qué se trataba, Isabella sentía una gran curiosidad y emoción por lo que Henry le tenía preparado. Se levantó de la cama y se dirigió al baño, se duchó, se vistió y se maquilló con cuidado, escogió un vestido blanco con flores rosas, unas sandalias cómodas y un sombrero de paja, se recogió el cabello en una trenza y se puso unos pendientes de perlas, se miró al espejo y se sintió satisfecha con su aspecto, quería lucir hermosa para Henry. Bajó a la cocina y preparó un canasto con comida para el día de campo, hizo unos sándwiches de jamón y queso, unas ensaladas de frutas, unos jugos naturales y un pastel de chocolate que había horneado la tarde anterior. Sabía que a Henry le encantaba el chocolate y quería agasajarlo con su postre favorito. Terminó de empacar todo y salió de su casa. Henry la estaba esperando en su auto, era uno de los pocos que recién comenzaban a circular, como Henry era de una familia noble y adinerada fueron de los primeros en tener un vehículo en Nueva York. Isabella se acercó a él y lo saludó con un beso en la mejilla. — Hola, Henry ¿Qué guapo estás hoy? le dijo con una voz dulce. — Hola, Isabella, tú estás más que guapa, estás radiante, le respondió él con una mirada de admiración. — Gracias, Henry, eres muy galante, le agradeció ella con una sonrisa tímida. — Vamos, sube al auto, ven que te ayudo, te voy a llevar a un lugar maravilloso, le invitó él con entusiasmo. — Isabella subió al auto, pero tenía un poco de temor, ella nunca se había subido a un auto y le daba miedo, Henry la tranquilizo, no temas que no pasa nada, le dio un suave beso en esos labios que tanto lo tentaban. Henry arrancó el motor y se puso en marcha. Condujo por la carretera, mientras charlaban y le contaba algunas anécdotas divertidas, Isabella se reía con sus ocurrencias y le seguía la conversación, se sentía muy a gusto con él, Henry es un hombre inteligente, simpático y atento, que la hacía sentir especial. Después de una hora de viaje, llegaron al destino, Henry se detuvo frente a un cartel que decía "Lago Azul" Isabella se asomó por la ventanilla y quedó maravillada con lo que vio, era un lago de aguas cristalinas, rodeado de árboles verdes y flores silvestres, el cielo estaba despejado y el sol se reflejaba en la superficie del agua, creando un efecto de destellos, era un paisaje de ensueño, un maravilloso paraíso encantado. — Henry, esto es precioso ¿Cómo encontraste este lugar? le preguntó Isabella con asombro. — Es un secreto, lo descubrí hace tiempo, cuando estaba explorando la zona, me gustó tanto que lo guardé para una ocasión especial y hoy es esa ocasión, le confesó Henry con una sonrisa. — Henry, eres increíble, gracias por traerme aquí, le dijo Isabella con emoción. — No hay de qué, Isabella, es un placer compartir este secreto y maravilloso lugar contigo, le respondió Henry con ternura. Henry la ayudo a bajar del auto y luego tomó el canasto de Isabella para que ella no hiciera esfuerzo, caminaron por un sendero hasta llegar a una zona apartada, donde tendieron una manta sobre el césped, Henry colocó el canasto sobre la manta y ayudó a Isabella a sentarse, luego se sentó a su lado y le tomó la mano. — Isabella, hay algo que quiero decirte, le dijo Henry con seriedad. — ¿Qué pasa, Henry? ¿Sucede algo malo? le preguntó Isabella con preocupación. — No, al contrario, sucede algo muy bueno, le aseguró Henry con una sonrisa. — ¿Qué es, Henry? Dime, le pidió Isabella con curiosidad. — Isabella, desde que te conocí, no he podido dejar de pensar en ti, me gustas mucho, más de lo que puedo expresar con palabras, eres una mujer maravillosa, dulce, inteligente, bella, y me haces sentir cosas que nunca había sentido antes, quiero que sepas que te quiero, Isabella, te quiero con todo mi corazón, le declaró Henry con pasión. — Yo también Henry te amo desde aquel di que te vi en el baile por primera vez, cuando te miraba sentía que mi corazón latía con fuerza, le confiesa Isabella y que sus mejillas se sonrojaban, miró a Henry a los ojos y vio el amor que había en ellos y se dio cuenta de que ella también lo amaba, lo quería desde el primer momento que lo vio, él era el hombre de su vida. Henry yo también te quiero, te quiero mucho, más de lo que te imaginas, eres el hombre que siempre soñé, el que me hace feliz, el que me completa, te quiero mucho, Henry, te quiero con toda mi alma, le respondió Isabella con emoción. Henry se acercó a Isabella y la besó con suavidad, Isabella le devolvió el beso con dulzura y se abrazaron y se fundieron en un beso profundo, lleno de amor y por un segundo se olvidaron del mundo y solo se concentraron en el momento, era el momento más feliz de sus vidas, luego se separaron por vergüenza o falta de aire. Luego almorzaron felices mientras charlaban sobre la boda que sería en unos meses. Pasaban un bello momento, pero como hacía mucho calor a Henry se le ocurrió algo — Y si vamos a nadar un rato le dijo él. — No tengo traje de baño, respondió Isabella. — Mi amor nos metemos con nuestra ropa interior si ya en un mes seremos esposos, le dijo Henry y así lo hizo ella se dio vuelta por vergüenza y comenzó a sacarse su ropa y ambos quedaron en ropa interior. Se metieron en el lago y jugaban con el agua hasta que Henry se acercó a Isabella y comenzó a besarla y tocarla, pero ella lo rechazo le dijo que no era apropiado que debían esperar, hasta el matrimonio. — Pero mi amor si ya en unos meses nos casamos, dice Henry tratando de convérsela y mientras la toca y la provoca para que ella acceda a ser suya como el tanto quiere. — No podemos mi amor, no debemos va diciendo mientras Henry le va soltando su ropa interior dejando sus bellos pechos al descubierto y el comienza a acariciar y besar provocando un gemido en ella, él sonríe y va por más, le toca su parte íntima y comienza a darle placer, hasta hacerla gritar de placer y ella lo mira curiosa y eso que fue, el la besa y le susurra estás conociendo que es el amor mi vida y ya la tiene prácticamente desnuda la toma en brazos y la lleva a la orilla y termina de casarle las prendas que tanto le molestan y se desnuda el también, ella se tapa los ojos cuando lo ve. Acostúmbrate mi amor cuando nos casemos así serán nuestras noches y nuestros amaneceres, le susurra él y ella sonríe porque le gusta lo que él provoca en ella. Él se acerca y le susurra esto va a doler un poco pero después será maravilloso y ella lo acepto. Él se introdujo en ella y comenzó a besar sus lágrimas mientras se movía suavemente hasta que comenzó a ver la cara de placer de Isabella y comenzó a moverse y disfrutar del momento de placer que sentía, hasta terminar dentro de ella.
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