Isabella entró en la oficina con una sonrisa en los labios y un brillo en los ojos, aún podía sentir el aroma de las flores, el calor del sol y el sabor de los besos de Henry había sido el mejor día de su vida y no podía creer que el hombre que amaba fuera también su jefe se preguntó si él estaría tan feliz como ella y si se atrevería a demostrarle su amor en público. Se dirigió a su escritorio, saludando a sus compañeros con amabilidad, todos la miraban con curiosidad, notando su cambio de actitud, algunos le preguntaron si había pasado algo especial, pero ella se limitó a responder con evasivas, no quería compartir su secreto con nadie, solo con Henry. De pronto, lo vio entrar por la puerta, su corazón se aceleró y sintió un cosquilleo en el estómago. Henry lucía impecable con su traje

