Me siento bastante mareada y mi estómago duele muchísimo.
Hace unos días podría jurar que no importa lo que me dijera Alan yo iba a estar de acuerdo con él, que podría seguirlo al fin del mundo. Pero ahora estoy dudando de lo que él podría sentir por mí.
Y no lo culpo la verdad, ha pasado tanto tiempo y bien o mal ya yo no soy parte de su vida, él tiene su mundo y yo me quedé fuera de este cuando decidí marcharme y dejarlo atrás.
¿Pero hacer algo así? No lo justifico.
—Déjame en paz—murmuro—Ya tengo muchas cosas para cargar con esto. —le doy la espalda para salir de ahí.
—Señorita—me llama el abogado—Usted ya tuvo mucho que ver con el señor, igual debería de firmar...
—Ya basta—lo detiene Alan—Ella no va a firmar.
Salgo del lugar lo más rápido que mis débiles piernas me lo permiten. Apenas llego al auto entro en el sin darle tiempo a Kira o Carter de decir o hacer algo.
Ninguno de los dos dice nada y lo agradezco mucho.
«Todo va a estar bien»
Las palabras de Margot retumban en mi cabeza y las lágrimas empiezan a salir.
Lloro por todo, por miedo, por Alan, porque pensé que ya todo estaba arreglado, porque creí que por fin mi vida ya estaba en el lugar donde tendría que estar ¿Que más debo esperar? Tengo veinticuatro años, se supone que a esta edad mi vida tiene que estar resuelta.
Estoy tan confundida.
Me siento como aquella chica de dieciséis años que está tratando de decidir si estudiar administración para poder ayudar a su familia o periodismo porque es lo que ama.
Luego, a pesar de no tener nada que ver, lo recuerdo; Yo nunca he hecho nada por mi familia. Todo lo que siempre he hecho es alejarme, a pesar de ser las personas más importantes en mi vida, siempre que me siento mal o trato de recuperarme de una herida, me alejo. Pasó cuando Matías me golpeaba, lo hice cuando papá murió y lo repetí cuando me dejé de Alan.
Mis lágrimas son gruesas, el nudo en la garganta es doloroso a pesar que lo estoy soltando, no puedo parar de llorar, de repente ya esto no es sobre Alan, esto es sobre mi vida, sobre mi familia y sobre el miedo tan grande que crece dentro de mí.
Cuando llegamos al departamento me encierro en mi cuarto a pesar de la preocupación de Margot tocando mi puerta.
Tengo que hacer algo, tengo que recuperar todo, ahora sí siento que no puedo con esto. Salgo de mi habitación solo para buscar mi celular en la sala y marco su número.
—¿Aló? —la voz del otro lado hace que mi llanto se intensifique más sin darme oportunidad de hablar—¿Bella? ¿Pasa algo? —su preocupación es evidente.
—Te extraño mucho—me sale un hilo de voz y me siento en el sillón aferrándome a la orilla con mi mano desocupada.
—Hermanita ¿Sucede algo? —su tono es suave y comprensivo, tan Jazmín.
—Les tuve que hacerles caso aquel día cuando me dijeron que me quedara con ustedes y tratara de superar mi miedo por Matías a su lado—el llanto me complica las palabras—Me tuve que quedar y rehacer mi vida con ustedes, no escapar.
—No es necesario que te culpes. ¿Te arrepientes de todo lo que hiciste?
—Sí—hay silencio al otro lado de la línea y mi corazón se hunde. —Solo, por una parte. He conocido las que ahora son mis mejores amigas y estoy muy agradecida—las lágrimas aún bajan cual cascada—Pero perdí tanto tiempo, con ustedes...—mi voz se rompe.
—Mañana tomo un vuelvo para Nueva York—la voz de Jazmín se torna ronca—Odio saber que estás así y no poder darte un abrazo ¿Dónde están tus guardaespaldas?
—Aquí—miro a las personas en mi puerta.
—Mañana Aurora y yo llegamos, y vamos a recuperar todo ese tiempo.
—El tiempo no se recupera. —susurro.
—Escucha...—siento un suspiro de su parte—Todo va a estar bien, vamos a seguir juntos y nuestras vidas van a ser tan maravillosas como papá siempre quiso.
—Gracias—murmuro mientras me acurruco en el sillón.
Aunque ella no lo sepa, estás son las palabras que necesito por ahora.
—Te amo, Bella. Tranquila, no estás sola—la voz de mi hermana me tranquiliza—Ahora tengo que colgar, pero mañana nos vemos.
—Hasta luego, te amo más—cuelgo la llamada y coloco el celular en la mesa frente a mí.
Me acurruco tanto en el sillón con las rodillas en mi pecho y la frente en ellas, como si esta posición calmara mi dolor o mi llanto.
Siento pena por mis guardaespaldas, primer día conmigo y deben creer que soy una mártir.
Son muchas cosas para un solo día, siento que no voy a soportar todo, no si estoy sola. Yo muero si a mis hermanos o a mi mamá les pasa algo.
¿Qué es todo esto? ¿De dónde vienen las amenazas? Es claro que son las mismas personas que mataron a mi papá, pero ¿Por qué? ¿Quiénes son? ¿Por qué la policía no los encontró?
Hace rato que no tengo lágrimas, mi cabeza da vueltas y siento como poco a poco la temperatura de mi cuerpo sube hasta convertirse en fiebre.
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