—¡Bella! —los brazos de Aria me rodean sin lograr primero visualizarla bien. Sonrío amplio y suelto la maleta. —¡Hola! —le devuelvo el abrazo. —Por fin estás aquí. —la pelinegra se aleja y me toma por los hombros.—Te dije que estuvieras aquí una semana antes, no un día antes. Ahora la chica tiene su cabello hasta por debajo de los hombros y ha aumentado un poco de peso, lo cual le sienta bastante bien. —Faltan tres días, no uno—Aria coloca los ojos en blanco, toma mi maleta y empieza a caminar a mí lado para salir del aeropuerto de Nueva Orleans. Durante mucho tiempo he querido venir aquí, saber más de Alan, conocer el lugar donde creció, donde se educó y las calles que algún día recorrió. Y ahora que por fin estoy tan cerca de su historia, me siento lejos de él. Estoy muy conscien

