Mi corazón late con tanta fuerza y mis manos tiemblan. Alan siempre me ha descontrolado de esta forma, pero ahora ya no es un dilema de sí estoy perdiendo mi dignidad o sí estoy haciendo bien. Ahora es algo mayor, es cuestión de dinero, trabajo, fama y reputación social, esta vez sí tenemos mucho que perder. —Buenas noches—llego hasta el grupo donde está mi hermano. —Señorita Bella—me saluda uno de los señores. —Discúlpenme, pero les pido por favor que me presten a mí hermano un momento—Ben me observa, él sabe que mi sonrisa es falsa. —Con permiso señores—les habla mi hermano amable. Le hago una señal con la cabeza para que me siga a el segundo piso del salón, subimos las escaleras y luego de un elegante pasillo entramos a una habitación que parece más una oficina con tema victoriano,

