Anashia Los días habían pasado rápido, ya era sábado y me encontraba empacando unas dos mudadas. Matías, me notificó que nos quedaríamos hasta el día siguiente, por lo que debía llevar más ropa. Quería negarme, pero apenas estaba comenzando en este trabajo y el sueldo prometía ser bueno, así que decidí no hacerlo. Por otro lado, Alexei debía entenderme; no le dije que iría a Montelimar porque eso sería molesto para él. Solo le informé que hoy tenía mucho trabajo y que me comprendiera, además de que él tenía un compromiso con los socios del hotel. —Anashia, está listo el desayuno —exclamó mamá desde la cocina. —Voy, Ma. Termino de mirarme en el espejo. Luzco deslumbrante con mi blusa de botones color azul eléctrico de mangas largas, pantalón de vestir n***o y tacones altos azules. Mi ca

