Narra Matías Observo el paisaje desde la ventana de la habitación en el hotel de Montelimar. Las playas doradas se extienden ante mí, bañadas por el sol radiante y bordeadas por el azul profundo del océano Pacífico. Desde aquí, veo a la gente disfrutando del día, algunos tumbados en la arena mientras otros se lanzan a las olas con sus tablas de surf, dominando uno de los deportes más populares en esta región. El murmullo del mar y el bullicio alegre de los turistas llegan hasta mi habitación, creando una sinfonía de verano que me envuelve. No puedo evitar pensar en lo perfecto que sería llevar a Anashia a la playa, aprovechar este entorno idílico para acercarnos más. La excusa perfecta ya la tengo: necesito su ayuda para observar y tomar notas para mi próximo libro. Me giro y la veo, o

