Episodio 19

1318 Palabras
POV RÒSE —¿Qué quieres? —A ti, ninfa. —Mañana no te vas a acordar de nada de esto —le dije mientras me acomodaba a su lado, con el corazón latiendo más rápido de lo que quería admitir—. Nos pasamos de copas. —Eso no evita que te quiera a ti —respondió poniéndose de costado, mirándome con esos ojos nublados de deseo y alcohol—. Te quiero sobrio y te quiero borracho. No veo mi vida con alguien más que no seas tú. … Me desperté sobresaltada, buscando a mi lado entre las sábanas frías. Nada. Solo la almohada vacía y ese hueco maldito donde debería estar él. Otra vez el mismo sueño. Otra vez la misma escena repitiéndose en mi cabeza como un disco rayado. Esa noche que él olvidó, justo como se lo advertí. Y yo, como una idiota, seguía recordándola una y otra vez. Odiaba tener razón. Pero más odiaba no tener el valor de enfrentarlo y decirle todo lo que me callaba. Las palabras se me quedaban atascadas en la garganta. Frustrada, me levanté de la cama y caminé hasta el baño. El agua fría me recibió como una bofetada, y la dejé correr un buen rato, intentando ahogar mis pensamientos. Necesitaba despejarme antes de verlos. Antes de pasar el día trabajando con Liam y Emmet, dos polos opuestos que juntos podían convertirme en una bomba de tiempo. Ya había pasado una semana desde que todo el asunto del hotel había explotado. Hoy debía ser la inauguración, pero seguíamos sin un acuerdo, sin solución, sin nada. Tendría que hablar con Rozana y Alana, no había más remedio. El problema era que no quería decepcionarlas. Salí de la ducha y me vestí con ropa cómoda. Hoy iba a moverme de un lado a otro, y la última cosa que quería era preocuparme por los tacones o los vestidos ajustados. Mientras me acomodaba el cabello, unos golpes suaves en la puerta me hicieron detenerme. Cuando abrí, quedé congelada. Rozana y Alana estaban del otro lado, sonriendo de oreja a oreja. —Sorpresa —dijeron al unísono. Por un momento solo las miré, sin procesar lo que estaba viendo. Lucían radiantes, descansadas, felices… y completamente fuera de lugar. —Niña, saca esa cara de espanto —dijo Rozana entrando sin esperar invitación—. Pareces como si hubieras visto a dos fantasmas. —Fantasmas no —respondí, haciendo una seña a Alana para que entrara también y cerrando la puerta detrás de ellas—, pero sí estoy espantada. Contarles por teléfono lo que pasa es una cosa… decírselos en persona es otra muy distinta. No pudimos hacer nada, y no quiero que se decepcionen de mí. —Jamás nos decepcionarías, cariño —dijo Alana con esa dulzura que la caracterizaba—. Estas cosas pasan. A veces se arreglan por las buenas y a veces hay que usar otros métodos. Por eso Henry y nosotras llegamos anoche. Todo está solucionado. Me quedé inmóvil. —¿Qué? ¿Cómo? —Henry recuperó los videos —explicó—. Ya los entregamos a las autoridades, así que el asunto está cerrado. Rozana sonrió con orgullo, cruzándose de brazos. —Y ahora nosotras vamos a celebrar yendo de compras. Esta noche, mi querida ninfa, vamos a presentarnos en la inauguración como las diosas que somos. Y tú vas a venir con nosotras. —Preferiría quedarme a descansar —intenté excusarme, sabiendo de antemano que no serviría de nada. —Eso de preferiría, nada —dijo Rozana señalándome con una sonrisa desafiante—. Vienes con nosotras, y no es una petición. Es una orden. Además, tu guardarropa necesita un cambio urgente. Suspiré resignada. Negarse a una de ellas era imposible; hacerlo a las dos era una batalla perdida antes de empezar. Así que sonreí, aunque por dentro temblaba un poco. Si el problema estaba resuelto, ya no tenía razones para esconderme. Aunque… eso también significaba que pronto tendría que enfrentar a Liam. Y eso sí que me asustaba más que cualquier reunión con inversores o autoridades. POV LIAM —¿Estás loco? No debería haberlo preguntado, pero lo hice igual. Henry tenía una habilidad particular para decir cosas que descolocaban a cualquiera. Y su última sugerencia era tan absurda como peligrosa, no podia mantenerme alejado de ella, sabia que las cosas irían de mal en peor, si llegaba hacerlo. ¿Cómo podía venir a hablarme de Ròse como si todo fuera tan simple? Como si no me costara mantenerme lejos de ella cada segundo del día. —Has estado haciendo eso —me recordó con una sonrisa cansada—. Ignorándola, levantando muros, fingiendo que no te importa. Y todos sabemos que ese muro no va a durar mucho más. Tomé aire, sirviéndome un trago antes de responder. —Eso era antes, cuando no sabía lo que sentía por ella. Ahora lo sé. Y me vuelve loco. Me miró sin interrumpir, dejando que las palabras salieran con el peso que tenían. —Estoy idiota por esa chica, Henry. No puedo dejar de pensar en ella. Trato de alejarme, de ignorarla, pero cada vez que lo hago… más la necesito. Este sentimiento no se parece en nada a lo que sentí por Alana. Es más intenso. Me atraviesa todo. Di un trago, buscando algo de coraje en el fondo del vaso. —No puedo seguir fingiendo que no me importa. Ya hice lo que tenía que hacer. El problema del hotel está solucionado. Y ahora… —lo miré fijamente— mi próximo objetivo es ella. No me importa si te atraviesas para protegerla. No voy a retroceder. Henry se levantó despacio y puso una mano en mi hombro. —No quiero protegerla a ella —dijo con seriedad—. Estoy tratando de protegerte a ti. Porque si ella no siente lo mismo y te rechaza, sé que vas a huir. Y no quiero que vuelvas a perderte, Liam. No quiero que mi hija pierda a su tío favorito. Ni que Rozana vuelva a llorar por las noches porque su hermano desapareció otra vez. Apreté los puños. —No voy a perderme —dije, aunque no estaba seguro de nada—. Sé que ella siente algo por mí. Si no funciona, no voy a huir. Mi hermana no me lo permitiría… y la pequeña copia de ella mucho menos. Henry soltó una risa breve. —Cada día me convenzo más de que esa niña es igualita a tu hermana cuando era chica. —Capaz lo hubiera sido —admití, bajando la mirada—, si hubiéramos tenido una infancia normal. Si hubiéramos crecido en un hogar como el que tú y Alana le dan a pesar de todo. Pero nuestra historia fue otra. Rozana siempre tuvo que pelear sola. Y recién conoció la felicidad cuando te conoció a ti y a Alana. Después… bueno, ya sabes lo que vino. Henry asintió, en silencio. —Nada de lo que pasó fue culpa de ustedes —dijo al fin—. Ustedes hicieron lo que creyeron correcto. Y te lo digo en serio, Liam: todos queremos verte feliz. Sonreí de lado. —Todos merecemos serlo. —Sí. Pero el único que falta sos vos. Reí suavemente, casi sin ganas. Nunca entendí cómo él y yo podíamos hablar así del pasado sin resentimiento. Tal vez porque los dos sabíamos lo que era cargar con culpas que no nos correspondían. Henry me dio una palmada en el hombro antes de alejarse. —Lo serás, Liam. Solo… no la arruines con ella. Cuando se fue, quedé solo con mis pensamientos. Y su advertencia, aunque sonara como un consejo, me encendió por dentro. No la iba a arruinar. No esta vez. Porque si algo tenía claro era que Ròse era mi destino, incluso si me costaba perder la cordura en el intento. Y esta vez, no pensaba huir.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR