Ya no podía ocultar lo que alguna vez fui y lo que no me atreví ser. Mi entorno se había desmoronado en un abrir y cerrar de alas. ¿Por qué tanta injusticia en mi vida si yo no había hecho nada? Morí aquel día en que mi familia lo hizo en la explosión. Nunca sabré que realidad fue cierta, y temía ser guiada por las personas que conocían mi historia. Intenté e intenté mantener el sentido de mi vida guiándome por mis abuelos que hoy yacían muertos en un cementerio en Canadá. Intenté aferrarme a la idea de que Simón era la luz en aquella oscuridad... —¿Angélica?—se asomó Alison por la puerta de mi apartada habitación—. Tu amigo ha venido a verte. La vi sonreír tras apartarse del camino para que el psicólogo Gabriel Duran pudiera ingresar a la habitación. Ella nos dejó a solas. Sus riso
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