—No..., no, Iss, no por favor ¡No! Me puse de pie de un salto, poniéndome nerviosa a cada segundo. No podía hacerme eso, no, no por favor. Miré los libros, comencé a tocar todos, desesperada con encontrar una salida. Algún pasaje o algo. Corrí entre los pasillos infinito de libros y ni siquiera la luz tenue de una lampara colgada del techo podía ayudarme a ver mejor. Miré entre los estantes, miré debajo de ellos y los trepé, temiendo caerme. A lo lejos, pude ver algo sobresaliente. ¿Una puerta? Salté de los estantes y corrí hacía ella, esquivando lo que parecía pupitres. Todo aquello era una pesadilla. Yo tenía que estar con los abuelos, mi hermana, mi novio y mis amigos. Yo no tenía que estar allí. Iss mentía, mentía. Ellos no estaban sufriendo, ellos no. La puerta estaba cerrada

