Donovan. —Bien, ahora suéltame— Sofía estira sus brazos en mi dirección. De reojo observo sus muñecas y salgo del vehículo dejándola adentro. —Donovan. Sigo ignorando su escándalo. No puede mantener la calma un segundo si no controla todo. —¡Donovan, te estoy hablando! —me alcanza —su golpe en la espalda me hace girar para tomarla de sus esposas. —Suéltame. Animal. —Y en esa versión te gusta tenerme— tiro de la cadena. Estampa su mano a mi mejilla y la vuelvo a tomar. —¿Quieres la verdad? Pelea con más determinación. —Tú me lo quitaste —no capta nada en su ataque de histeria. Ni siquiera me escucha cuando digo su nombre, golpeando cada vez más fuerte. —¡Me quitaste a mi hijo! —No te lo quité. No pude— quiero intentar decirle la verdad, pero no me escucha y continúa arremetiendo e

