Donovan
—Debes estar bromeando. —acusa mi hermana con un nivel de molestia que tira a la decepción. —Prometiste que...
—No prometí nada, Grace. Tú solo decidiste que nos iríamos y sabes que no soy de dejar deudas al azar.
Su cara de decepción genera un pinchazo extraño, sin embargo; mi decisión está tomada. Tanto ella como yo sabemos que mi decisión no será cambiada. Hay cosas que no se deben dejar al destino, a la vida o al karma, como muchos creen. Si no lo hago yo, no estaré tranquilo.
—Donovan.
—Viajaré contigo por una única razón y no va a cambiar. —establezco.
—Te reunirás con...
—Con quien tiene algo mío.
—Estás limpio, Donovan. ¿Perderás tu libertad por una venganza? —su pregunta busca una respuesta negativa. Una que no debo dar para que entienda que no me echaré para atrás.
Tomo la maleta, de dónde saco un cambio de ropa. En el fondo encuentro lo que quiero, sacando el arma, el cual reviso para no tener fallas. El silenciador se lo coloco para luego ponerlo sobre la ropa, más cartuchos, reemplazos de los reemplazos, impregnados del olor a pólvora que aviva las ganas de ver la sangre correr.
—Esto debe ser una broma. —se ríe. Se gira para ir a la ventana luego regresa, frustrada, enojada. —Donovan, no puedes hablar en serio. Acabas de salir de la cárcel. Podemos irnos, todo acabó para nosotros. Él murió.
Reviso mis documentos, aún tengo asuntos legales que solucionar, pero no pienso detenerme por meros protocolos que alguien más puede hacer por mí.
En el periódico hay diversas noticias sobre algunos ataques, peleas políticas y guerras que están en pleno proceso. Ninguno de ellos tiene que ver conmigo hasta que observo el nombre de algunos comandos que llaman mi atención.
Comando Delta.
Ese hijo de perra. Los otros también lo acompañan, porque la unidad 9 más el comando Alfa están en la misma noticia con distintos dilemas que pregonan. Al menos no soy el único que quiere matarlos, que alguien más se haga cargo de sus cabezas, tengo otros campos que cubrir.
“El comando Alfa fue atacado en el evento organizado para la candidatura del candidato Adam Shaw, en el cual resultó con una herida mortal el comandante…”
—¡Lo que quieres es ir con ella! —Grace me arrebata el periódico. Lo lanza a una esquina totalmente furiosa. —Es lo que te mueve. Ese odio por ella. Pero no sabes que Sofía...
—No te metas, Grace. Me sacaste de la cárcel, es lo que querías, estoy libre.—hago acopio de mi paciencia. —Puedes estar tranquila. Lo que haga de aquí en adelante es algo que había previsto desde hace mucho, no tiene nada que ver contigo, ni con nadie más que con...
—¿Ves? Es por ella. Entiende, Donovan, —intenta mediar, —si ella te traicionó al delatar sobre tus propiedades que perdiste, fue por...
—No me importa saber las razones por las cuales lo hizo. Importa el acto, no los motivos, —me coloco el saco arreglando la solapas. —Y no me mueve ella, no seas ridícula.
El que se ofenda no es algo que quiera resolver. Cada uno actúa de acuerdo a como fue criado, ella es muy emocional y tampoco está al tanto de lo que la Valkyria me envió cuando estuve encerrado.
Arrastro ambas maletas a la salida. Al subir al auto casi debo forzarla, en la pista se niega, mientras cuándo abordamos el avión se va directo a la pequeña habitación que hay disponible. Está furiosa conmigo.
Haga lo que haga, no voy a cambiar de opinión y eso queda demostrado al bajar del Jet. Mi gente recibe las maletas, hago la cita con quién quedamos de encontrarnos en un sitio específico y ella ya tiene su sitio destinado.
—Llévala a la casa de seguridad. Qué el perímetro sea más extenso y los vigías obtengan un equipo que será enviado. —señalo a mi jefe de seguridad. El halcón debe estar por enviarlos, por lo cual estoy seguro que no tardará mucho.
—No me puedes dejar aquí. —se me pega del brazo. La quito llevando el móvil a mi oreja, —Donovan.
La ignoro porque tiene una gran obsesión por hablar de ella y no quiero saber un demonio de quién poco me interesa.
—¿Tienes mi nuevo equipo? —le pregunto a la persona que guardó mis armas.
—El dragón en persona contactándome. Eso sí que es un problema. —se ríe el tipo.
—No estoy para tus tonterías, ¿lo tienes o no?
—Justo lo estaba revisando. Desde anoche que volví de mi reunión con el Halcón supuse que vendrías por él. —se pone serio al menos. —Te envío la dirección.
Corto la llamada viendo el mensaje que llega. Son dos sitios a los cuales debo abocarme. Dejo a Grace en un sitio seguro y me marcho a Austria para ir por el segundo pendrive. No puedo perder el tiempo. El primero con quién debo encontrarme lo sabe, dejé que algunas pequeñeces se hicieran más grandes mientras que me perdía al pensar en algo más que no fuera el poder. Permití su crecimiento hasta que mi idea sobre dejar crecer a otros tuvo razón.
Siempre he pensado que aquellos que son pequeños hoy, mañana serán la amenaza que o se doma o se destruye. Tal cosa no debe pasar otra vez. En esta ocasión vengo sin lástima de ninguno. Si lo que querían era verme en el suelo, no les di el gusto nunca, porque ese puesto está reservado exclusivamente para ellos. Se los preparé para su comodidad.
El bar intercontinental queda ante mi vista, es transitado, pero una molestia que por ahora debo bancarme. No sé cómo al austriaco el sitio le parece bien para una reunión de esta índole, nunca ha sido de lugares repletos de gente, aunque al parecer ahora sí.
Tengo años de no verlo, algo debió cambiar.
En cuanto entro las miradas se dirigen a mi lugar. Me molesta captar la atención de muchos porque deberían estar pendientes de sus tragos o sus pollas en lugar de verme con tanta curiosidad. Solía venir con...
Repaso el lugar con la mirada antes de encontrarlo observando en mi dirección. Llego en menos de nada a donde está sentado, pidiendo un trago que preparan en cuestión de segundos.
—Escorpión. —saludo viendo descabezar la serpiente que exprimen en mi vaso. La mejilla con su cicatriz es lo que veo, mientras sus ojos me buscan sin mover un solo músculo más.
—El dragón neoyorquino. —corresponde para luego girar.