Capítulo 6

1215 Palabras
Donovan. —Buenas noticias, Hunt —me dice el mismo custodio de todas las noches. Es un viejo que cree que la vida es un rosal con algodones de azúcar—. Sea cual sea el trato que hicieron por ti, funcionó. El gobernador te quiere fuera esta misma noche. —Tardó mucho —respondo, soltándome de la barra y cayendo al suelo. Bajo los brazos y empiezo a quitarme las vendas hechas de ropa vieja, desenredándolas sin mirarlo. No me sirve, y aquello que no me genera beneficios va directo a la basura o no merece mi interés. —Tu libertad representa delitos pagados, pecados perdonados. No lo arruines —debo soportar su discurso sobre humanidad—. Es una nueva oportunidad para regenerar tu vida, muchacho. Aprovecha. Vive de sueños. —Nadie que conoce el infierno querrá volverse bueno por sentirlo, sino porque le conviene, —paso a su lado. —Cuando te pida un sermón, lo voy a escuchar. Antes de eso, úsalos para tu conveniencia. —Eres una causa perdida, —exclama derrotado. —Soy una misión que nadie puede completar, —rió medianamente. Chasquea la lengua con desaprobación, antes de reír. Es el único que no huye de mí y se ríe de mi humor. Sabe que no me importa poco si está de acuerdo conmigo. —Recoge tus cosas. Me enviaron por ti —dice detrás de mí. —No me interesa lo que hay aquí, me interesa conservar lo que traje cuándo llegué. —respondo mientras me alcanza, llegando hasta la celda que abre para mí. Miro el hueco en el que he permanecido todo este tiempo. No está mal. Lo he adecuado a mis necesidades y no tengo otro compañero más que la soledad, lo cual es mejor que tener seres humanos rondando como almas en pena. Mantengo la calma mientras los procedimientos para mi liberación están en marcha. Algunos prisioneros se asoman, esperando ver algo, pero los guardias se encargan de alejarlos de las rendijas en las puertas metálicas. —¡Saldrá el dragón! ¡Todo a su paso cenizas volverá! —corea uno de ellos. Empiezo a oír cómo golpean las palmas contra el metal a medida que paso cerca, repitiendo el mismo coro. El ruido se hace más fuerte, y puedo sentir una vibración en mi espalda, como una descarga de miles de voltios. —¡Saldrá el dragón! ¡Todo a su paso cenizas volverá! No me importa. Sus voces son solo ruido de fondo en mi camino hacia la libertad. Los custodios tratan de calmar la algarabía, pero sus esfuerzos solo la intensifican, convirtiéndome en el foco de atención. Todos quieren ver una reacción que me delate alguna estupidez, pero no es de importancia ninguno de ellos. Me enfoque en mi siempre, no en otros. Mientras algunos se enfocan en crear músculo, yo aprendí técnicas para derrocar a cualquiera sin siquiera tocarlos. Observo la caja con mis pertenencias. Mi reloj sigue intacto, y mi anillo aún lleva la inscripción con mi pseudónimo y la fecha en que se creó. Lo primero que me pongo es mi collar con el cuarzo gris. Siento que quema al contacto con mi piel, pero, aunque es algo prohibido que corre por mis venas, también es lo que dará inicio a lo que he preparado durante estos años. Ella se casó. Solo eso repite mi cabeza, mientras detallo el anillo que acompañaba al que le pedí no volver a esconder. Ahora carga otro y se lo pienso arrancar, cómo también le arrancaré la vida al marido que envió a sus hombres a vigilarme. Ni siquiera la he visto y sabe que se la puedo quitar...si se me antojara hacerlo. —¿Estás casado? —miro sin una mueca al guardia. —Estuve. —contesto sin interés en ahondar el tema. Guardo ese anillo y tomo la siguiente pieza. —¿Un escorpión? —pregunta el tipo que me llevará a la salida cuándo juego con la figura diminuta entre mis dedos. —¿Qué no debería ser un dragón, dado tu alias? —¿Quién dijo que es por mí? —Agarro el llavero que esconde parte de lo quiero. Le envié una parte de lo que quería que guardara, confiando en su lealtad, aunque no en su inmortalidad. Es fuerte, pero hasta los grandes caen, hasta las leyendas mueren, y él no es la excepción a la regla. Nunca guardo todo en un mismo lugar, y el pendrive en mi llavero es parte de esa estrategia. Camino en dirección a mi libertad, con la finalidad de ir por lo que me corresponde, su dolor. —¡Al fin! —Grace se lanza a mi cuello, emocionada, abrazándome como si no fuera yo quien le arrebató a su padre biológico. Solo es mi hermana menor, que no pudo desaparecer en este tiempo porque su apego a quien no debe, se lo impidió. Correspondo a su abrazo, aunque no quiera. Sé que será la última vez, porque ya tengo la forma en la que se alejará. —Esperé tanto por verte fuera de esa prisión —dice, pegándose a mi brazo—. Ahora haremos una vida lejos de esta ciudad, lejos de todo. —¿Hiciste todo lo que pedí? —pregunto. Asiente, muy contenta. —Eso y dos boletos de avión que nos esperan —responde, haciendo sonar las llaves de su viejo auto. No pierde el amor por esa cosa, pero no es algo en lo que voy a perder el tiempo eliminando—. Nos iremos. —¿Sabes de ellos? Su sonrisa se borra de golpe; sabe a quiénes me refiero. —A tu derecha —dice. Con disimulo, miro hacia el sitio que indica y veo un auto a lo lejos, con las luces apagadas y dos figuras en la sombra, acompañadas por una tercera que, al menos, sé que sigue con vida. Ninguno se deja solo; nadie puede hacerlo desde que ese pacto de sangre se dio hace diez años. Un espectro que vigila al halcón. Dos seres que destruyen y limpian el camino cuando es necesario para que la tercera entre en acción. Ella es la verdadera destrucción, la que nadie desea encontrarse jamás. —El halcón se aseguró de que nadie se me acercara, y el espectro de cuidar y traerla a ella —asiento. Veo ese asentimiento en conjunto, lo cual asegura que no soy el único que regresa. Aunque no deben vernos juntos todavía. Aún me vigilan y es lo que me pienso quitar de encima al viajar. Les gustó joderme, yo disfrutaré de su caída. La sangre por la sangre. La vida por la vida y su sufrimiento por mi alzamiento. No estuvieron tranquilos y parece que el cielo sabe lo que se viene porque las gotas de agua comienzan a caer sobre mi cabeza, con ese cielo gris que adoro ver sangrar. Si la paz no les gustó, les daré lo que tanto pidieron y es al dragón. El que no perdona, el que no descansó sino que orquestó, perfeccionó y organizó a su antojo. Seleccionando turnos, dando su día y hora final para cada uno. Quieren ver sangre, eso les daré. No se detuvieron cuando se les pidió, ahora les mostraré porqué debieron hacerlo.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR