Jeider se encargó de llevar a su jefe y a la nueva esposa de este a la casa en donde vivirían. Como Ean no quería que su espacio fuera invadido por otra persona fuera de su círculo, había arreglado otro lugar en donde se estaría quedando parcialmente. Quizás porque estaban iniciando una nueva relación, ningunos de los volvieron a intercambiar palabras en el transcurso del viaje. Cuando llegaron a la nueva residencia, la cual estaba más cerca de la familia de Ean, Jeider se ocupó de llevar a la chica a una de las habitaciones de invitados y luego volvió al lugar en donde su jefe se había quedado. Cuando ingreso a la sala, se encontró con Ean absorto, mirando un retrato que estaba colgado en la pared. — ¿Cómo te encuentras? — preguntó Jeider al tomar asiento junto a la silla de su je

