Ean se despertó temprano. Durante toda la noche se la pasó luchando con la imagen de Abby, su esposa. No había podido dormir nada realmente, ya que cada vez que cerraba los ojos la imagen de ella, ingresando a su habitación solo con una toalla alrededor de su cuerpo lo tenía inquieto. Cuando salió de su habitación estaba vestidos con una camisa blanca, una chaqueta negra y un pantalón del mismo color. Aunque no había dormido muchas horas, su rostro no se veía afectado por la falta de sueño. Su cabello estaba peinado hacia atrás dejando al descubierto su frente. Sus cejas pobladas enmarcaban perfectamente esos ojos verdes, que lucían como dos esmeraldas en su rostro. Como esta casa no era de dos niveles, a Ean se le resultaba más fácil desplazarse por su cuenta. A primera hora, el

