Ojos Cerrados

2940 Palabras
No hagan nada con los ojos cerrados… ―Vamos, Liam, no pretendes asustarnos con algo así, ¿no? ―comenta uno de los chicos, el más cercano a la hoguera. ―Oh, claro que sí. Esta no es una historia familiar, pues es, de hecho, algo que me pasó hace mucho tiempo. ―Bah, no somos unos niños, Liam. No somos fáciles de asustar ―dice otra chica, la más cercana a Liam ―no creas que porqué estamos a media noche, con nada más que la luz de una fogata, nos vas a espantar. ―Cuento con eso, Vanessa, pero esta historia los hará estremecer. No querrán volver a cerrar los ojos, ni para dormir. Conocerán la verdadera razón de porqué nunca cierro los ojos, siempre les he dicho excusas, pero ya es momento de la verdad… ―Bueno, bueno, basta de charlas y preámbulos. Empieza con la historia de una vez ―dicen dos chicos más, los restantes en la hoguera. ―Bueno, todo empezó un sábado cuando yo tenía ocho años. Era una pequeño criatura, el cual muchos decían que parecía muy grande para su edad. En fin, el caso, es que nací con un don (ya lo conocen): mi memoria. Tengo una excelente memoria, puedo recordar cada lugar que he visitado desde los cuatro años, y soy capaz de retratar el rostro de cada integrante de mi familia y mis amigos. Sin embargo, han habido casos, en los que yo he hecho cosas, pero el recuerdo simplemente no está en mi mente. Pero en general, mi memoria es excepcional. Gracias a ello, en ese tiempo tenía un extraño pasatiempo; más bien, era una mala costumbre… hacía todo con los ojos cerrados. En un principio, empezó leve: que si me cepillaba, bañaba, o comía sin mirar; después subió un poco el nivel: me levantaba y caminaba al baño sin ver, subía y bajaba las escaleras e incluso iba a la cocina sin abrirlos ni un poco; llegó un punto: en el que casi todo lo que hacía, lo hacía con los ojos cerrados. Mi madre solía decirme que no lo hiciera, que podría ser peligroso… pero nunca la escuché (quisiera haberlo hecho). Apenas y me veía en el espejo por las mañanas y las noches, solo para saber cómo estaba. El resto, lo hacía con los ojos cerrados, lo he dicho mucho, pero, es que es cierto, ni siquiera ahora puedo creer lo mucho que lo hacía. El caso es, que ahora me arrepiento de haberlo hecho o tal vez no. ―¿Por qué? ―pregunta Vanessa intrigada. ―Ya voy a eso. Llegó un día más, me levanté como siempre. No recuerdo qué día era. Sin abrir los ojos, me levanté y fui al baño. Cuando quise verme en el espejo… sorpresa sorpresa, no pude. Por mucho que lo intentara, no funcionaba. Mis parpados no cedían; intenté tirar de estos por las pestañas, pero creo que solo me las terminé arrancando. Me asusté al inicio, pero luego pensé que no era tan malo… ya había hecho muchas cosas sin ver; así que no había que temer… o al menos, eso me dije a mí mismo sin saber lo equivocado que estaba. Hice lo que tenía que hacer, luego salí y bajé las escaleras, en dirección a la cocina y me senté para desayunar. Había un inusual silencio en toda la casa, era extraño, pues siempre se escucha mi madre tararear alguna canción. Sin darle mucha importancia, entré a la cocina, saludé a mi madre… y no recibí respuesta. Juraba que estaba allí, pero ni siquiera el sonido de ella cocinando se oía. Ciertamente confundido, recuerdo que exclamé varias veces su nombre, pero nunca me contestó. Entonces, me levanté de mi silla, y fui hacía donde mi madre acostumbraba a estar. Con mis manos la busqué, pero no estaba por ningún lado. Me rasqué la cabeza y pensé que quizá seguía durmiendo, y decidí no molestarla y prepararme el desayuno yo mismo. Me desplacé hasta la alacena, abrí las puertas y comencé a palpar el interior. Toqué varias cosas, creo que un par de frascos y una que otra bolsa. Finalmente, encontré lo que estaba buscando: la caja de cereal. La saqué, me bajé del banco para encaminarme a la nevera para buscar la leche. No estaba muy lejos de la alacena, no tuve que dar muchos pasos. Al llegar, conseguí abrirla al segundo toque, y nuevamente con la mano empecé a buscar el envase de leche. Si no mal no recuerdo, toqué algunos vegetales y otras cosas que no sé qué serán… hasta que toqué algo que me llamó la atención. La forma era muy extraña, estaba demasiado frío, como si hubiese estado horas allí. Sentí algo viscoso, abajo algo casi puntiagudo y más abajo había algo duro. Por mi mente, pasó la loca idea de que era una cabeza lo que describía mi tacto… y cuando posé mi dedos en lo que creía eran los ojos, presioné un poco y juraría que se movió… Inmediatamente saqué la mano de la nevera, llevando algo por el medio. Un golpe fuerte sonó en el suelo, y un líquido frío mojó mis descalzos pies; había botado la leche. “Fantástico”, pensé, ahora tengo que limpiar. Suspiré y me dirigí hacía donde estaba el trapeador. En el camino, percibí un hedor inusual. Era nauseabundo, como carne podrida. No pude evitar tapar mi nariz, tomé el trapeador, y me devolví a la cocina rápidamente. Cuando volví a pisar la cocina, sentí la “leche” más espesa. Lo digo entre comillas, porqué cuando lo volví a sentir, no me pareció que fuese leche, más bien, no sé si exagero al decir que parecía sangre por su consistencia. La verdad, no lo puedo confirmar. Bueno, el caso es que limpié mi desastre, recuerdo que pensé que era muy extraño que mi madre no se hubiese alertado por el escándalo que provoqué. Guardé mi caja de cereal, y busqué mejor el paquete de pan de sandwich. Luego, recolecté los ingredientes y me hice un sandwich simple; con lechuga, tomate, jamón y queso. Aunque ya antes había picado cosas con los ojos cerrados, debo admitir que casi me corto en una ocasión picando una laja de queso; pues por un momento sentí el roce del cuchillo en mi pulgar. Me comí el desayuno que me había hecho, y después decidí subir al cuarto de mi madre para ver cómo estaba. Recuerdo que mientras subía las escaleras, escuché un extraño ruido agudo, proveniente de no sé dónde. No le presté atención, pues a pesar de que volví mi cabeza, no escuché nada más. Terminé de subir, y avancé hacía el cuarto de mi madre con un poco más de cautela que veces anteriores. Sé que el cuarto de mi madre está a dos puertas a la derecha, tocando, llegué con facilidad. Abrí la puerta, saludé a mi madre… y otra vez, el silencio fue mi única respuesta. Decidí entonces entrar, pero en cuando puse un pie dentro… este ardió fuertemente. El piso parecía estar constituido de rocas volcánicas, pues a pesar de estar muy caliente, me dolió al pisar. Era muy extraño, pues el piso del cuarto de mi madre era de madera y había una alfombra muy cómoda. Pero eso no fue lo más insólito, sino más bien lo que pasó después. Una singular voz ronca resonó de la nada, me decía: “Aquí no está tu madre, Liam” “No puedes entrar aquí, Liam” “Da la vuelta, Liam” “No vayas a tu cuarto, Liam”. Recuerdo perfectamente que decía mi nombre tras cada frase; eso era lo que más me asustaba, debo admitir. Cerré la puerta, decidí ignorar a la voz y fui hacía mi cuarto. Mis pasos resonaban de una forma que no era común, pues en mi casa no había esa clase de eco. Al llegar, abrí la puerta y tras posar mi pie dentro… sentí que caminaba sobre hielo. El piso de mi cuarto estaba tan frío que parecía estar caminando sin botas en el mismísimo Polo Norte. Retiré mi pie rápidamente, y entonces volví a escuchar la voz: “Te dije que no fueras a tu cuarto, Liam” “Espero no me vuelvas a desobedecer, Liam” “Ahora ve al jardín, Liam” Aquella vez, decidí hacerle caso. Comencé a sudar, estaba aterrado, no lo podía negar. Solo quería que aquello terminara, deseaba con tantas ganas poder abrir los ojos y darme cuenta de que nada era real y todo había sido solo mi imaginación. Para ser sincero, ahora creo que para ese punto ya me había vuelto loco. Volví a percibir aquel mismo fuerte hedor, aquella vez era lejano; me repugnaba, pero de todos modos seguía avanzando. Bajé las escaleras con mis pies temblorosos. Mientras iba hacía la puerta del jardín, en mi boca, comencé a saborear cosas horribles. Mi paladar, se sentía agrietado y tenía sabor a leche vencida, mis dientes se sentían consumidos. Sentía mi lengua amarga, parecía que había comido limones podridos con cebolla, pues el sabor en mi boca era asqueroso; mi aliento seguro era peor. Llegué a la puerta del jardín, mediante el tacto sentí la puerta áspera, tiré de ella y salí. Posé mis pies sobre el césped, las hojas me daban comezón; era incómodo caminar. Comencé a avanzar temblando de miedo por lo que pudiera pasar, en mi mente había construido una imagen en base a recuerdos del jardín, y pude familiarizarme con lo que había… hasta que choqué con algo que casi me hace caer. Era algo firme, parecía clavado en el suelo. Comencé a palpar aquello, sentí algo como bello púbico. Subí un poco, y empezó a tomar una forma semicircular. Me parecía que tocaba un par de piernas. Pensando que era mi madre, intenté subir buscando el torso… pero no lo encontré. No había nada allí. Volví a bajar, más aterrado ahora, y me di cuenta que las piernas no tenían ropa… pues algo extraño y un poco húmedo por el frente me lo confirmó. Me separé de eso de golpe, e intenté correr olvidando mi mapa mental, hasta que tropecé con algo que estaba suspendido en el aire. Me golpeé la cabeza, y tras sobarme, toqué aquello con el objetivo de descubrir que era. Era suave pero a la vez duro, conforme describía la forma, me di cuenta de que era un brazo por la mano y los dedos al final… y por su delicadeza, era de mi madre… ¡el brazo de mi madre estaba flotando en el aire! Un terror me invadió, recuerdo grité y volví a intentar correr a cualquier dirección… hasta que volví a tropezar con algo, esta vez en el suelo. Aquella vez si me caí, y al incorporarme, el tacto me reveló que se trataba del otro brazo de mi madre… despavorido corrí hacía el cobertizo. Allí, sentí algo cálido y familiar, y sin detenerme a pensar me aferré a ello. Sentí entonces algo extraño… algo muy suave y agradable al tacto. Tenía una forma redonda, como de un globo, solo que con una punta en el medio… hasta que entendí que estaba tocando un par de senos. Solté aquello de inmediato, y subí las manos buscando el resto del cuerpo… pero no lo encontré. Quería decir que era lo que faltaba del cuerpo de mi madre… mi madre decapitada… Era muy joven para comprender bien lo que había sucedido, mi madre había sido decapitada por algo… y yo corría peligro de correr con la misma suerte que ella… Entonces, salí corriendo (el césped ahora se sentía raro, como si estuviese manchado con algo) sin importarme nada… subí las escaleras como rayo, y entré a mi cuarto, no me importó lo frío que estuviese el suelo. Me lancé sobre mi cama, y allí me quedé. Sentía una extraña sensación en el ambiente, no sabría como describirlo, pero se sentía tenso. Entonces, la voz sonó una vez más: “Así que te ocultas, Liam” “¿Crees que tu cuarto es un lugar seguro, Liam?” “Noticias, no lo es ¿oíste, Liam?” “Ya sabes, aunque no lo viste, lo que le pasó a tu madre, ¿no, Liam?” “Que raro que no lo recuerdes, Liam” “Pero no sabes qué pasó con tu padre… ¿o sí, Liam?” “¿Realmente piensas que ha estado trabajando todo este tiempo, Liam?” “Vaya equivocado que estás… Liam” No pude pronunciar palabra alguna, me temblaban los labios, y por un momento sentí que ya podía abrir los ojos (incluso me sorprendí ya que recordaba que intentar abrirlos se me hizo muy complicado)… pero no lo hice, no quise, no quería ver lo que tenía enfrente; el miedo no me dejaría. Esa cosa no paró de hablar, y yo todo lo que podía hacer era escuchar, pues ya no tenía adonde correr … ―“Tu padre no es inocente, Liam” “Él ha hecho cosas que harían que lo odiaras, Liam” “Ha estado jugando sucio, Liam” “Y ha querido jugar con fuego, Liam” “Pero se terminó quemando él solo, Liam”. Recuerdo muy bien que comencé a sudar de una manera anormal, estaba muy confundido y no podía pensar con claridad. Buscaba por los archivos de mi mente cosas que mi padre ha hecho toda su vida… pero nada era lo suficientemente malo. Comencé a mecerme sobre mí mismo, señal de que me volvía loco de verdad… ―”Déjame explicarte, Liam” “Tu padre quería conseguir dinero fácil para drogas y alcohol, Liam” “Oh si, tu padre no es muy sano que se diga, Liam” “Quería que yo le diera dinero, Liam, a cambio de un alma, Liam” “Se supone que es la suya, pero el propuso la tuya, Liam” “Quiso engañarme, Liam, y las cosas no terminaron bien para él, ¿comprendes Liam?” “Sin embargo, tu alma aún me pertenece, Liam” “Él era capaz de sacrificarte por dinero, Liam” “Y como los seres humanos y sus almas son valiosas, Liam, en especial la de los niños, sabía que le daría mucho por la tuya, Liam” “Pero, como ya lo maté a él, y tengo su alma en mi poder, Liam, ya no te puedo matar” “A través de él, tu madre no terminó bien, Liam” “Tú mismo sabes a qué me refiero, Liam” “Ahora, yo estoy en el mundo humano a través de tu padre, Liam” “Pero, tranquilo, Liam, nunca me volverás a ver” “Aunque… no, dejaré que lo descubras tú mismo, Liam” “Volverás a oír de mí… Liam…” Y después, no recuerdo nada hasta que sentí mi cama… pero al día siguiente, con los rayos del sol matutinos golpeando en mi cara. Me sentía como si hubiese estado durmiendo por horas. Me di cuenta de que tenía los ojos abiertos, sentí la mayor alegría que había sentido hasta ese momento; hasta que me di cuenta de que no los podía cerrar. Intenté con todas mis fuerzas de cerrarlos pero simplemente no pude. De la nada, escuché la voz de mi madre llamándome para comer. Me levanté… y recordé lo que había experimentado el día anterior. Entonces, por impulso me levanté y fui a mi ventana… entonces, en el jardín vi las partes decapitadas de mi madre… el cobertizo abierto con su torso… y el césped, estaba todo manchado de sangre; la cabeza de mi madre debía estar en el refrigerador. ―¡Cariño! ¿Por qué tardas tanto? ―Escuche que dice mi madre nuevamente… ―Esa no es tu madre, Liam… ―dice la voz de nuevo― te sugiero que te andes con los ojos bien abiertos, Liam… ―Y allí acaba mi historia, amigos míos… ―Pero no puede ser ―dice el chico cercano a la hoguera― ¿qué pasó después? ―No hagas preguntas si no quieres conocer la respuesta. ―Pero, ¿por qué el piso en tu cuarto era tan frío y en el cuarto de tu madre tan caliente? ―Ello representa lo que había sucedido la noche anterior, aprende un poco de metáforas… ―¿O sea? No entiendo… ―¿Les conté que padezco esquizofrenia? ―¿Qué? ―Hay una parte de la historia… que es falsa. ―Estoy confundido, no com… ―¿Qué les dije antes de empezar la historia? ―¿Ah? ―dijeron todos al unísono? ―Hay cosas que no quieres ver, actos imperdonables que haces pero te niegas a ver. He mentido sobre mis ojos todo el tiempo, era solo que no quería ver lo que hacía, o más bien, lo que había hecho. ―¿Te refieres a…? ―dijo la chica a su lado. Liam puso un dedo sobre la boca de la chica, luego se levantó y tras voltearse se encaminó hacía el bosque tambaleando un poco y con una sonrisa macabra en su rostro… pronunciando la siguiente frase:  No hagan nada con los ojos cerrados... 
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR