El Mejor Guerrero

2267 Palabras
La pequeña Susán es un dulce niña de cuatro años, quien su pequeña e inocente mente aún no no reconoce lo que acaba de suceder ni por qué su madre había cambiado de actitud. Eso nos lleva al presente día, aunque soleado el ambiente se presentaba pesado, se encontraba en el auto de su madre. No habían desayunado, y su madre la había vestido a la fuerza. Por lo que estaba allí, en el auto comiendo una tostada aferrada de su osito de peluche, Teddy, de quien jamás se separaba. Una pequeña pregunta a la que su mente nunca encontraba respuesta y se la remarcaba a su melancólica madre cada vez que podía, para la madre era como abejas que iba y venía para picarla de nuevo. —Mamá, ¿dónde está papá? Todo lo que hacia la madre al oír esa pregunta, era mirar a su hija con la cara inundada en eterno llanto, y volver a mirar al camino, con melancolía. La madre en ningún momento habló, así como la pequeña niña nunca supo adónde iban. El carro se detuvo. Susán salió del auto cuando su madre lo hubo abierto y junto a su oso, la madre la condujo por extraño lugar que la pequeña Susán jamás había visto. Su mirada se posaba en muros y pilares, pero ella no sabía que era aquello. Luego, salieron por una entrada y avanzaron por un enorme patio, aunque Susán no sabía porqué aquel patio estaba decorado con tablas grandes, que a ella le parecía hojas de piedra para dibujar. Caminaron un poco más hasta que llegaron a una parte abierta. Entonces Susán se detuvo de golpe al ver que su madre ya no estaba caminando y que la jalaba del brazo. Se detuvieron ante un ataúd dónde yacía el padre de Susán. El padre de Susán, había muerto en extrañas condiciones, pero la madre, quien lloraba desconsoladamente, no le había comentado el hecho a su pequeña hija, por lo que para Susán, aquello solo era una caja gigante del cual no alcanzaba a ver el interior; era muy alto. Con el paso del tiempo, más gente fue llegando y fueron rodeando la caja gigante. Susán identificó a algunos como sus tíos, otros como sus primos grandes que no le dirigieron ni la mirada. Una señora, identificada como su abuela, junto a otra mujer que era su tía y, por supuesto, la madre, lloraban a lágrima viva frente a la caja gigante. En un momento indeterminado, Susán alcanzó a ver a su madre, y vio algo extraño. Había una silueta de un hombre justo al lado de la madre, con su mano posada sobre su hombro; su madre no parecía haberse dado cuenta de ello. Quiso advertirle, pero igual no hacía caso. La pequeña Susán ansiaba ver el contenido de la caja pero nadie se lo permitía; ni siquiera la hacían caso. Todo terminó cuando unos señores introdujeron la caja gigante un hueco de su tamaño en la tierra. Susán no entendía el motivo de ello, y solo se limitaba a mirar curiosa. La vuelta a casa fue igual de deprimente que la ida. El día se desvaneció tan pronto como la alegría que caracterizaba a su madre antes de aquel trágico suceso que Susán no comprendía. Durante la cena, la niña intentó sonsacarle a la madre información acerca de dónde estaba su padre. La madre solo le decía la famosa excusa de que estaba dormido, y Susán asumió que debía estar en un profundo sueño. Su madre también le dijo, cuando le hubo preguntado en dónde, que descansaba en un hermoso lugar, lejos de ellos. Luego de la cena, la luz de la luna se filtraba por la ventana de la sala, y Susán estaba ansiosa por jugar con su madre. Cuando la invitó para ello, su madre acongojada solo le dijo que la dejara de molestar y que fuera a jugar sola, mientras vertía el contenido de una botella en una copa, Susán no comprendía porqué, pero prefería dejar la cosa así. Ella sola jugó con sus juguetes a la luz de la luna. Su oso de peluche era el protagonista de todo. Era quien atacaba a los monstruos y salvaba a la princesa (jamás tuvo una muñeco varón, así que el oso tenía que ser “el príncipe”). De vez en cuando miraba a su madre: no se movía de la mesa. Llegó la hora de dormir; como era una niña buena y su madre no la mandaría a dormir, se fue ella sola a su cama. Una vez allí, esperó plácidamente a que su madre apareciera y le diera su beso de buenas noches y le leyese su respectivo cuento. Como su madre jamás apareció, hizo que el oso le besase y luego miró, al principio con languidez su pequeño cajón, donde se almacenaban todos sus cuentos. Intercambió miradas confidentes con su oso, y lo hizo asentir, entonces decidió finalmente levantarse para buscar un cuento. Estaba eligiendo cuál leer, sin darse cuenta de que algo sucedía en su habitación; la puerta de su cuarto se estaba cerrando levemente, a la vez que la puerta de su armario se abría. Cuando hubo elegido su libro, la puerta terminó de cerrarse, y cuando se encaminaba hacia su cama de vuelta la puerta del armario también se había abierto por completo... Una vez en su cama bien cómoda, colocó a su oso en una posición en la que estuviese abrazado a ella y “escuchara” el cuento. A pesar de su edad, leía bastante bien, si era cierto que se comía algunas letras o sílabas , pero eso le bastaba. Pues de todo, ella creía estar sola… No tardó mucho en dormirse, lo último que leyó hablaba sobre una princesa que huía de un baile en un castillo, y dejaba un zapatilla y alguien iba tras ella… cayó dormida y se sumergió pronto en un cálido sueño. La ventana entonces comenzó a abrirse, el oso entonces pareció moverse también. Cuando la ventana estuvo abierta, el oso estaba mirando la ventana… Un polvillo n***o comenzó a asomarse por la ventana. Las luces de afuera, en la calle comenzaron a parpadear frenéticamente, la luz del pasillo hizo lo mismo. El polvillo n***o, que parecía flotar irrumpía en la habitación como un líquido, y se juntaba con algo que el oso no alcanzaba a ver. Fue allí que por fin se levantó, y enseguida comenzó a tocarse la panza en busca de algo, hasta que de entre el pelaje encontró un diminuto cierre. Al abrirlo, introdujo su patita de peluche en su interior, y extrajo de allí una pequeña espada de cartón. Volvió a cerrarse, y se colocó en posición de batalla, con la espada en ristre. Del armario también brotaba algo, era como un líquido n***o, al parecer se encontraba con el polvillo n***o en el suelo. La lámpara del techo de la habitación comenzó menearse, y la cama pareció comenzar a temblar. El oso miró de soslayo a la pequeña Susán, esta solo se volteó, en señal de que dormía plácidamente. El oso hizo un gesto que parecía un suspiro, entonces volvió a mirar al frente, justo a tiempo para ver que el líquido que salía del armario y el polvillo que entraba por la ventana estaban a empezando a formar unas extrañas figuras, hasta que empezó a construir la forma de un hombre con unos ojos blancos. A pesar de estar la habitación muy oscura, aquel “hombre” resaltaba entre la oscuridad. Desprendía una aura oscura, similar al polvillo n***o del principio. Cuando su cabeza estuvo en su lugar, la empezó a girar sobre su propio eje; cada que se inclinaba hacía un lado, se oía un crujido como de huesos rompiéndose. Cuando estuvo a punto de volver a su lugar, de repente su cabeza cayó al suelo. Con un gesto de la mano, la cabeza volvió a su lugar. El oso pudo ver la mano, era grande, y los dedos eran cuadrados, aunque las esquinas estaban afiladas. El hombre empezó a acercarse con extrema lentitud. Todas las cosas en la habitación comenzaron a levitar, aunque más allá de solo levitar, parecían rehuir de aquel hombre. El oso asía su espada desafiante, pero el hombre no había ni llegado, cuando levantó su mano adoptando una especie de forma de araña; lo curioso, era que le aparecían dedos, de modo que si parecía una araña con cuatro dedos/patas de cada lado. En ese momento, por un breve momento la luz de la luna, acompañada por una brisa muy fría, se coló en la habitación sin razón y alumbró la mano de aquel ente. Allí el oso pudo ver era de un tono carne muy pálido, casi blanco, como opalino. Y en los dedos, relucía un rojo, de sangre evidentemente fresca. Luego, la luz de la luna desapareció tan fácil como se presentó. El hombre quedó de nuevo en penumbra, el oso reaccionó de pronto y esquivó con un salto el golpe que se proyectaba hacía él. Justo después pegó una carrera y alzó con un brinco en dirección a la cabeza del ente, con la espada en alto. Todo parecía suceder en cámara lenta. Cuando estaba a solo pocos metros de la cara del hombre, la luz de la luna hizo acto de presencia de nuevo, aunque esa vez se posó en la mitad de la cara del hombre, y el oso la pudo apreciar por unos segundos. En efecto era la cara de un hombre; tenia una barba pronunciada que recubría todo su mentón. Parecía un enorme arbusto, del cual también se destacaban manchas de sangre, esta vez seca. Su nariz era pequeña y chata. Sus ojos eran de un penetrante y profundo blanco. Y su piel era de color carne, pero extremadamente pálida, casi igual de opalina. Tenía cabello, desde luego, pero era corto; aún así estaba despeinado. La luz de la luna desapareció , y el oso volvió en si y atacó la cabeza del ente. Pero este no se inmutó en lo absoluto. El hombre lo atajó en el aire, y justo en el cuello lo empezó a ahorcar, sin embargo a este no parecía dolerle, el hombre al ver esto lo lanzó con fuerza contra la pared. El oso tampoco se inmutó y al volver a caer en la cama, sucedió algo muy extraño. Aunque el cielo estaba despejado, una destello de luz vislumbró y un mili-segundo después un estridente trueno resonó. Por el breve instante en que el relámpago iluminó fugazmente la habitación, el oso observó que el hombre tenía, en el pecho desnudo una enorme cicatriz cocida en el pectoral izquierdo. El oso vio su oportunidad. El rayo culminó. El hombre empezó a intentar romper al oso con la lentitud de un gigante. El oso maniobraba como atleta en carrera de obstáculos, por pequeños instantes logró voltear para ver a la pequeña Susán, se motivó y lanzó otro gran brinco, esta vez en dirección al pecho. Aunque no se había dado cuenta de que un brazo venía preparado para batearlo con la fuerza suficiente para arrancarle la cabeza del golpe. El tiempo pareció ralentizarse y acelerarse a la vez, pues el oso veía su ataque muy lento, pero veía el ataque que le estaban a punto de dar muy rápido… Justo consiguió clavar la espada en la herida del hombre cuando el hombre, casi con el hombro, logró batearle con gran ímpetu. Y entonces, mientras volaba por los aires con el cuello rasgado hasta el hombro, observaba como el hombre se retorcía de dolor y profería un chillido que era como la combinación del alarido de un hombre, cabra, oveja y tigre todo junto. El oso finalmente impactó contra la pared provocando que un cuadro se cayera de su lugar cayendo junto al oso, que seguía observando como el hombre ahora abandonaba la habitación por la ventana dejando un rastro de un líquido n***o que se volvía sola al armario. Cuando ambos hubieron desaparecido, las cosas que levitaban cayeron de golpe; el baúl cayó abierto de modo que varios juguetes se salieron del baúl, de modo que parecía que Susán no los había guardado. Las lámparas en el exterior y del pasillo dejaron de parpadear y la lámpara se quedó finalmente quieta. El oso se tapaba herido su rasgadura, se subió a su cama y volvió a los brazos de su dueña, satisfecho y orgulloso, mientras miraba por la ventana, mientras se cerraba y las cortinas se corrían, así como el amanecer se asomaba por el resquicio que quedaba. Había protegido a la pequeña Susán una noche más, del terrible monstruo en el que se había convertido su padre… Su padre había hecho un pacto con el diablo para conseguir dinero, pues tenía tantas deudas que lo tenían con la soga al cuello. Quiso pasarse de listo con el diablo jugando con su alma, y terminó muriendo en vida. Pero su alma quedó maldita, pues el diablo se molestó con él por intentar engañarlo y maldijo su alma y lo condenó a intentar asesinar el mismo a su familia con esa forma. El último deseo del padre, era solicitar protección para su hija. Clamaba por la ayuda de algún guerrero que cuidara a su hija. Entonces separó su alma maldita de su alma protectora y pura, y esta última la introdujo en el osito de peluche, para protegerla de su propia alma fracturada maldita… Se convirtió en un guerrero que lucha contra sí mismo, se convirtió en el mejor guerrero…
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