*Pasos resuenan desde la oscuridad*
Se encaminan hacía el baño, repercuten secamente por los pasillos. Manos frías se apoya en las paredes, hay dificultad para caminar. Abre la puerta del baño lentamente, como si temiera encontrarse con algo, hasta que finalmente entra y cierra la puerta. Enciende la luz, pero ve que no hay electricidad. Como ya estaba acostumbrado, solo prende un fósforo y enciende una vela.
Se mira en el espejo. Dante se observa así mismo. Piensa en lo guapo que es, como narcisista y creída persona que es, y tras eso, comienza a pensar en todas las mujeres que ha tenido, en el daño que les ha hecho y no puede evitar esbozar una malévola risa que se extiende a carcajadas, dejando tal reverberación que seguía escuchándola cinco minutos después. Luego, rompe el espejo y desvía su mirada a la hora por instinto y nota que se aproximan las 3am. Entonces apaga la vela y se queda contemplando el espejo roto.
Pájaros cantan desde el exterior. Dante se encuentra en su cama, no recuerdo lo que pasó en la madrugada, pero no hace esfuerzo por recordar. Lo primero que nota al levantarse y poner sus pies sobre el suelo, es que hay restos de un vaso roto que le cortó el pie. Sin darle importancia, se rasca la barba y se encamina nuevamente al baño. La fresca luz del sol penetra en la casa. Sus pasos ya no resuenan en la casa.
La verdad era que Dante si era un chico guapo, pero mujeriego y nunca permanece con la misma mujer. Siempre las ilusiona, las consigue enamorar y las atrae a sus redes. Y todo parece bien hasta que las convence de una noche apasionada. Luego de ahí, termina con ellas de forma cruel, les rompe el corazón, y luego las deja a su suerte. Las mujeres lo odian por eso, lo mandan al infierno, pero él solo les sonríe y se retira.
Vive de la herencia de su padre, quien había sido un excéntrico millonario dueño de una empresa exitosa de colonias, pero que murió y nadie supo porqué. En el funeral, Dante fue el único en no llorar, de hecho, no mostró ningún sentimiento de ningún tipo. Estuvo todo el rato serio. Su madre y hermanas, quienes en cambi tenían los ojos irritados de tanto llorar, estaban demasiados pasmadas y sorprendidas por su comportamiento, pero no se atrevían a decirle nada. Mientras que Dante, en ningún momento, les dirigió siquiera una mirada, y fue el primero en abandonar el cementerio; una de sus hermanas podría jurar que él estaba algo irritado por estar allí, por su mirar.
Volviendo a la mañana en la que despertó, ni siquiera se había molestado en curarse la cortada del pie, solo se cepilló los dientes y se miró en el espejo. El cual, por alguna extraña razón, estaba en perfectas condiciones, de hecho, estaba algo brillante y hacía ver a Dante más guapo de lo que él ya se consideraba, pero él se miraba con extrañeza, como si no pudiera ver algo que tanto desea ver. Abandonó el baño después de haberse contemplado el rostro durante media hora, y fue a la cocina. Caminaba sin cojear, como si jamás se hubiese cortado.
En la cocina, se prepara el desayuno. Un desayuno americano cualquiera. Cabe destacar que el hombre no tenía cuchillos ni tenedores en su casa, de hecho, no tenía nada que pudiera matar a alguien. Se podría decir que se debía a que no quería a que alguna mujer lo matara luego de romperle el corazón. Mientras comía, pensaba en como luego de terminar de comer, saldría a romper unos cuantos corazones con cualquier mujer que se encontrara. Y que en la noche, planeaba emborracharse. Ya que había convencido a una chica de darle algo dinero antes de la tragedia. Y ella, atontada accedió, era rica.
Al culminar, dejó todo en la mesa, y fue a arreglarse. Se puso su mejor ropa, una algo pegada que hacía relucir su esbelto y robusto cuerpo, y al final uso su colonia especial, una que no tenía etiqueta, era solo un frasco de cristal de forma triangular, muy afilada, la cual debía usar para cortarse. La colonia era especial, porqué una vez que la persona se corta en la mano, la colonia se libera y se mezcla con la sangre. La reacción química se traduce en la colonia perfecta.
Luego salió de la casa, y puso en marcha su plan de destrozar corazones de mujeres inocentes. Él tenía una especie de instinto que le hacía saber si la mujer era soltera o no, y así saber si era un blanco libre. Entonces, la tarde pasó, más de 7 mujeres regresaron a sus casas, al ocaso, con el corazón en pedazos. Cuando llegó la noche, y Dante vio en el cielo la luna llena, lo tomó como la señal para ir a cazar.
Mientras las calles estaban oscuras, la mente de Dante también. Abrió la puerta con dramatismo, y entró como si fuese un Dios regresando a la tierra en plena desesperación. Llamó la atención de todas las bellas mujeres que habían en el bar. Avanzó como si fuese el único hombre en el lugar, consciente de que todas lo miraban, y fue hasta la barra, el cantinero lo conocía, y al ver que se aproximaba le sirvió lo que él pediría.
Bebe con total tranquilidad, estaba confiado. Cuando de repente voltea y ve una hermosa mujer, más de la que cualquiera que haya visto. Para él su belleza era indescriptible, simplemente no podía creer que alguien así pudiera existir. Esta tenía la mirada perdida en las botellas que habían detrás de la barra. Dante traga saliva, y le pide al cantinero que le sirva a la bella dama uno de sus mejores vinos.
Dante se pasa la mano por el cabello, determinado a lo que iba a hacer. A la chica le llega el trago y rápidamente nota a Dante a unos cuantos metro de distancia de ella. A él pareció que ella se había sonrojado. Entonces se acerca a ella con algo disimulo, dando a entender que venía con la obvia intención, y pone en práctica sus tácticas seductoras.
La mujer, de nombre Alison, era algo dura de conquistar, pero Dante sabía que solo se hacía la difícil. No tardó mucho en enamorarse de él, aunque era la mujer más hermosa que Dante había visto, tenía la misma intención. La noche pasó, la luna fue testigo de lo que sucedió esa noche en la casa de Dante, pues miraba desde la ventana, Alison estaba loca por él. Pero Dante no sentía lo mismo, solo le había parecido un buen blanco, pero era tan hermosa que debía tenerla por más tiempo, así que no tardó en aceptar ser su pareja.
Alison era la primera mujer en durar más de una noche con Dante, usualmente amanecían en la calle unas cuadras más allá de su casa. Dante no era ni más ni menos feliz con ella, estaba igual. Su extraña actividad de la madrugada se repitió aquella noche. Alison estaba cegada por el amor, quien al levantarse se corta los pies, pero se echa la culpa pensando que la noche anterior, de tanto moverse como frenética tumbó el vaso que ni siquiera recordaba si estaba allí.
Cuando ella fue al baño, encontró el espejo roto. Se extraño mucho, y se puso a pensar en qué pudo haber ocasionado tal cosa. Hasta que escucha la voz de Dante aproximarme desde el pasillo, y cuando este entra en el baño, al voltear ella ve que el espejo está intacto nuevamente. Sin embargo, Alison se olvida de eso cuando Dante la agarra con pasión para besarla y manosearla, hasta terminar “jugando”.
La mañana voló, Dante no tardó en salir de la casa para seguir con su rutina, pero esta vez, le dijo a Alison que iría a comprarle algo porqué la amaba. La pobre chica se quedó pensando que así era toda enamorada e ilusionada pensando en lo afortunada que era por tenerlo. Decidió entonces ir a limpiar la casa, arrepintiéndose más tarde por ello.
No tarda en encontrar por todos lados ropa de interior de un montón de mujeres, condones usados que ni siquiera se tomaba la molestia en botar, y otro montón de cosas que lo tachaban de infiel. Furiosa de pronto, se pone lo primero que ve (una chaqueta larga que le cubría un poco más allá de la caderas) y sale dando zancadas, solo para encontrar al sucio de Dante teniendo relaciones con una chica, ciertamente más bonita que ella, en el auto.
Lágrimas cayeron lentamente desde las pestañas de Alison, quien en sus ojos se reflejaban como su corazón se rompía en pedazos. Permaneció parada allí, paralizada por lo que veía, mientras su mente desenvolvía un plan de venganza. Esta vez Dante no se saldría con la suya. Volvió a la casa, secándose las lágrimas y tratando de quitarse el maquillaje corrido.
Fue al baño, pensando en romper el espejo para matarlo con un trozo de vidrio, cuando ve que el cajón bajo el lavamanos estaba abierto. Al asomarse, la puerta se cerró con fuerza, ella se sobresaltó y asustada corre hacía la puerta para salir, pero ve que está atascada y no cede, aterrorizada se da vuelta y para su sorpresa, en el espejo está escrito en letras de un líquido n***o: “sigue revisando”, que se escurría, como si lo acabaran de escribir.
Empezó a temblar, la luz empezó a parpadear y empezó a hacer frío descomunal y tétrico. Alison se inclinó de vuelta al cajón tiritando, y entornando los ojos por unos segundos, ve que hay un libro grueso. Cuando lo alcanza con la mano, la luz estalla, suelta un grito, y escucha que le susurran su nombre con un aire espeluznante.
Al incorporarse, la vela del baño se enciende sola, y lo que primero que nota es que el mensaje en el espejo ya no está, en su lugar, hay otro que dice: “abre el libro”. Ella duda al principio, pero cuando ve que el espejo se quiebra por la esquina, provocando el mismo ruido que si se hubiese roto por completo, y entonces decide obedecer. Al abrirlo en una página cualquiera, lo primero que encuentra es un ritual para ser atractivo.
Todo lo que necesitaba era una alma, una vela, y un espejo. De la nada, el frío se hizo más fuerte, Alison comenzó a temblar aún más, y sin poder soportarlo más sale corriendo del baño. Dante la recibe con un abrazo como si nada, tenía el olor a otra mujer y Alison lo notó fácil. Se soltó disgustada, lo abofeteó y sale corriendo. Estaba demasiado asustada para seguir allí. Dante solo se ríe y va hacía el baño. Él mismo cierra la puerta.
Rompe el espejo, y luego lo mira, y empieza a gritarle: “Ya te di tu paga, el alma de mi padre te pertenece, no lo maté por nada. No te tengo miedo. Ahora déjame en paz y lárgate de una vez”. La luz se encendió de repente, lo rotó se restableció de repente, el espejo también se reparó solo y la vela se apagó sola, como si alguien la hubiese apagado.
Dante va a la sala, y se sienta en su sillón. Aquella vez no tenía ganas de romper corazones. La verdad era que estaba algo exaltado y respiraba con un poco de dificultad. El día se fue muy rápido, Dante estuvo todo el día sentado en el sillón contemplando la nada, algo parecía preocuparle, pero ni él sabía lo que era. La noche se presentó fría y solitaria, hasta que alguien llamó a su puerta.
Él se levantó de golpe sobresaltado, y fue a la puerta con las piernas entumecidas. Al abrirlas, ve que es que Alison con una botella del mismo vino del que él la había invitado la primera vez,en la mano. Él la invita a pasar tratando de fingir estar bien, mientras que Alison aún tenía el maquillaje corrido en la cara, pero tenía una cara como quien no ha dormido en días, lo cual era raro porqué solo han pasado unas horas.
Ambos se sientan en la sala, Dante estaba incómodo, pero Alison estaba segura de sí misma. Colocó la botella en una mesa que había cerca del mueble donde se sentó, y le pidió a Dante que bebiera su contenido. Este le preguntó el motivo, pues le parecía muy extraño aquello, pero solo respondió que si él, alguna vez, le había gustado, que lo bebiera.
Dante duda, pero al final accede, pensando en qué podría salir mal. Alison lo miraba ansiosa, esperando que él terminara de beber. Dante se sirve un vaso de la botella, ya que inexplicablemente había un vaso en la mesa, y al agarrar el vaso, mira de soslayo a Alison y cuando empieza a beber, ve que detrás de Alison hay un ser horripilante.
Tenía la piel oscura, era alto y tenía alas y cola. Su cabeza parecía de cabra, ya que tenía unos cuernos gigantes. Esta lo miraba con satisfacción, como si supiera lo que estaba por pasar. El líquido del vaso se desliza por su garganta, y Dante siente como si lo que pasara fueran mil cuchillos que le desgarran la garganta conforme pasan.
Ya es muy tarde para arrepentirse, pero Dante deseaba poder hacerlo. El líquido ya le desgarraba por dentro. Se da cuenta de que no es cualquier líquido. Es veneno. Pero no se explica porqué es tan potente. Una terrible sensación le comienza a invadir. Sus piernas pierden fuerza y sin poder evitarlo se desploma en el suelo y comienza a convulsionar.
Tan pronto como cae al suelo, se revela su verdadero rostro. La verdad era que Dante era en realidad un hombre muy feo, un auténtico viejo verde. Era gordo y viejo, tenía 50 años. Era calvo y una espantosa cara llena de arrugas. Puede que tuviera dinero, pero sin belleza no conquistaría a nadie.
De su boca brota algo extraño, parecía perro rabioso. Los huesos de sus brazos comenzaron a moverse solos, como si intentaran escapar de su cuerpo del intenso ardor que tenían. La sangre le hervía y la piel le escocía. Su estómago se sentía pesado, y a la vez sentía como si los mil cuchillos lo estuviesen apuñalando desde dentro. Su corazón empieza a latir a un ritmo tan acelerado que apenas podía respirar, sentía que aspiraba la salsa más picante existente.
Llegó un momento, en el que sus pulmones se desinflaron. Sus huesos rompieron su piel y al entrar en contacto con el ambiente se deshicieron. Su corazón saltó fuera de su pecho cual pez salta del agua hirviendo y luego se pudrió. Sus ojos se quedaron abiertos viendo al demonio, que lo miraba con una expresión macabra. Alison seguía allí, igual que el demonio, observando.
Una vez que no hubo quedado ni rastro de Dante, pues su c*****r se pudrió a una velocidad sobrehumana, el demonio desapareció, satisfecho por completo, y Alison simplemente se fue, cargando con la piezas de su corazón roto y sus lágrimas derramadas.
Resulta que Dante había hecho un pacto con el demonio, vendiendo el alma de su padre a cambio de belleza física. Para así tener a todas las mujeres que quisiese. La verdad era que el demonio había sido timado, pues se requería el alma de Dante, no la de su padre. Pero resulta que Dante lo tenía todo planeado. Había secuestrado a su padre, y justo a medio ritual, cuando debía entregar el alma, mató al padre.
También resulta que siempre que se veía en el espejo, veía su verdadero rostro, y como él lo odiaba rompía el espejo. Pero el demonio del pacto siempre lo arreglaba para que él viera su rostro. Cuando Dante contemplaba su rostro, no era porqué de repente viera su bello rostro, era porqué intentaba verlo. Quería ver que tan guapo era, pero siempre era en vano.
El vaso que siempre estaba roto en el suelo, se debía a los fallidos intentos del demonio de intentar asesinarlo. Como su paga, técnicamente, estaba pagada, no podía reclamarla. Pero lo intentaba de todas formas, pero siempre fallaba. Siempre le tumba un vaso para lastimarlo al menos, ya que no había más forma de matarlo. El hombre no tenía cuchillos en casa ni nada para matarlo.
El demonio no tardó en saldar cuentas, y le recordó al pobre de Dante, junto con Alison, que no se debe jugar con el demonio, ni muchos menos con el corazón de las mujeres, aprendiendo así que la venganza es tan dulce como el veneno.
La venganza es tan dulce como el veneno...