Los Segundos Eternos

2979 Palabras
La luna cantaba con su brillo hasta mi casa, con estrellas haciéndole coro, mientras yo trataba de conciliar el sueño observando la infinita oscuridad que precede de mi techo. Suelo sumergirme en ese mar oscuro por horas hasta que en algún punto en esa singularidad me termino durmiendo. Solo para caer en el espiral de las pesadillas, característico en mi universo onírico. Siempre tengo una pesadilla distinta, con un elemento del sueño anterior. Y siempre termino despertando tras morir de alguna forma horrible, me agobia que todo suceda como si estuviese escrito en un libro y que no se pueda cambiar. Toda mi vida, he querido dominar los sueños lucidos, pero nunca he podido. Lo hice todo, miré tutoriales en internet y aún así no logro adoptar las técnicas para tener uno. Ninguna señal onírica que indique que tengo el control me ha convencido; ya que siempre me siento en un sueño, nunca logro distinguir la realidad. Una vez, no sé cuándo, hubo un sueño que conmemoró la apertura de mis pesadillas. Fue cuando soñé con un inicio distinto. Usualmente mis pesadillas empiezan conmigo sumergido en la oscuridad. Pero, la primera vez no fue así, estaba en una isla desierta, y a la distancia veía una isla que yo percibo como el edén mismo. Una isla llena de vida y animales, sin humanos. Era hermoso, y mi deseo por ir allá sería el mismo que tendría un ciego por ver. El sol reposaba sobre una palmera extrañamente más alta que el resto de los árboles, y resplandecía con la intensidad suficiente para presentar el sitio perfecto. Bueno, luego solo recuerdo que el sol se desinfló cual globo y fue a parar a mi cara, tapando mi visión, y cuando me la quité, mi edén se había ido y el sol jamás volvió a verse en mis sueños. Quedé en aquella oscuridad en desesperación buscando mi edén perdido, en vano, y de un grito terrible salí de allí. Mi primera pesadilla, es entonces cuando pude haber tenido un sueño normal, pero lo perdí por algo que no entiendo aún. Desde entonces, solo hay oscuridad al inicio de mis sueños. Mis padres tomaron la decisión de llevarme a terapia cuando se los conté, pues el que durmiera tarde, y de paso con pesadillas, provocaba que me levantara tarde, fatigado además adolorido, y eso, por supuesto, afectaba mi rendimiento académico y mi salud mental, por lo que estaban muy preocupados. Llevo meses asistiendo a terapia, y aquí sigo, sin poder dormir tratando de zambullirme en el mar oscuro para poderme dormir, mi técnica vieja pero confiable. Sé que llevo horas en esto porque aunque no tengo reloj ni despertador en mi cuarto (los rompí todos, ya que me molestaba ver pasar el tiempo sin que yo durmiera); por la posición de la luz de la luna, que en ese momento, me acariciaba la sien (duermo tras la ventana). Sería medianoche. Me trae alivio que, al menos, mañana no asistiré a la escuela por alguna razón que desconozco. En algún momento, no sé cuál, cerré mis ojos para parpadear, y cuando los abrí, de repente dejé de sentir el brillo de la luna. Todo mi cuarto, o eso creo que era, yacía en completa oscuridad. Supongo que me habría logrado dormir luego del insomnio más largo hasta ese momento. Bueno, como lo eran mis otras pesadillas. Estaba solo, perdido entre la infinita oscuridad. Sonidos metálicos que nunca identifiqué se precipitaban a mi alrededor, perturbando mi calma dejándome nervioso. Recuerdo que por alguna razón me senté con las piernas cruzadas, coloqué mis manos en mis sienes y cerré los ojos. Cuando los abrí, habían un montón de cráneos de simio de diversos colores intensos desperdigados a mi alrededor. Ya no había oscuridad, en su lugar, había un cielo anaranjado sin sol ni nubes. Yo estaba sobre lo que parecía era un suelo de cristal, y debajo se reflejaba como entre agua un bosque de árboles muertos flotantes. Una vez había descrito con mi mirada dónde estaba, todos los cráneos se giraron hacía mí, de sus cuencas emergieron polillas que volaron agitadas en mi dirección. Cuando se alejaron, sentí una extraña sensación el brazo, y cuando revisé… se destrozó entre cristales de porcelana que al caer se juntaron con el vidrio del suelo; quedando mis huesos, que pronto volaron vueltos arena a un viento generado casualmente allí. La acción se repitió tres veces, se llevaron mi otro brazo y mis piernas. Quedé como un saco de harina con una sobresaliente cabeza, que de paso, lloraba eternas cascadas de gasolina. Tumbado en el suelo, mi cabeza quedó justo al frente de uno de los cráneos; uno de un color amarillo mostaza intenso. Lo miré fijamente (qué más podía hacer), y vi cómo abrió la boca, y una cobra emergió y fue a enrollarse a mi vulnerable pecho. Tras ello, comenzaba a apretarme y al final asfixiarme. Luego, de la nada, los dientes del cráneo se tallaron solos en una forma de colmillos afilados, después abrió la mandíbula, se acercó y me mordió toda la cara. Uno de los colmillos cortó el flujo de una de las lágrimas, y por alguna razón mi cara se incendió. Lo único que pude hacer al respecto, fue proferir un grito tan fuerte que me sacó del sueño llevándome de bruces a la realidad. La cara me ardía como si me fuera cortado con uñas afiladas, el cuerpo me escocía como si me fuera quemado con agua hirviendo, y persistía la ferviente sensación de brazos y piernas fatigados, tal como si hubiera cargado una enorme roca por horas. Pero, aún así, no podía moverme. Ninguna parte de mi cuerpo lastimado me respondía. Lo único que conseguía controlar eran mis ojos, que confundidos solo enfocaban oscuridad sin fin. Tras un momento de reflexión, me di cuenta de que estaba experimentando mi primera parálisis del sueño. Había leído al respecto, y siempre tuve curiosidad, y pues allí estaba. No sé si aquello resultaba bueno pues me había sacado de la pesadilla, pero había visto que la gente pasa malos ratos por esto, que se les “sube el muerto” o algo así, no sé. El caso, figuré en que la luz de la luna ya no me acariciaba el rostro, sino que descansaba tranquilamente en el suelo, cerca de la esquina más oscura de la habitación. Apenas con mi ojo pude dirigir la mirada hacía allí, donde percibí algo que me asustó un poco. Una figura indefinida de quizás un hombre que parecía observarme. Todo se me hacía muy lento, sentía que pasaban horas allí. El hombre comenzó a moverse, no alcanzó a dar dos pasos cuando sentí que una brisa azotó la ventana y me exalté, levantándome de golpe. Había logrado salir de la parálisis, y el hombre había desaparecido. Miré la hora de mi teléfono y vi que eran las 6:05am, me pareció poco tiempo a como yo sentí la pesadilla y posterior parálisis, parecía que solo habían sido segundos, pero que me parecieron eternos. Me volví a dormir; ya no tuve pesadilla, pero me desperté a las 11am. A la noche siguiente, ejecuté el mismo rito de siempre, y me tardé una hora más en dormirme. Luego de despertar de la oscuridad (la primera parte de todas las pesadillas, lo que conté primero en el anterior sueño), me encontraba en un barco n***o navegando sobre aguas invisibles que no reflejaban ningún cielo. Me asomé por un costado, y me encontré con un abismo en el que podría nadar por siempre y jamás terminaría, era solo vacío. Me giré y vi que sobre mí estaban las partes de abajo de árboles, con las raíces bailando al son de una brisa que yo no sentía; estos árboles flotaban paralelos entre sí, a pocos metros sobre mí, extendiéndose más allá de lo que podía ver. De la nada,todos los árboles comenzaron a precipitarse con ánimo de tormenta. Parecían misiles controlados, pues volaban directos hacía donde estaba yo. Entré en pánico y no sabia que hacer. Intenté remar con las manos, pero no sentía el agua, no sabía ni dónde estaba flotando. No me logré mover y la furia de los troncos atentó contra mí, y fue después que todos habían caído sobre mí, que me habían destrozado el cuerpo entero, proferí el mismo grito de la vez pasada y me desperté. Regresé a la realidad. Y la identifiqué ya que el cuerpo me dolía como si acabara de recibir la peor paliza del mundo. La luz de la luna estaba igual que la noche anterior cuando desperté, y… yo volvía a tener parálisis... «Segunda vez. Fantástico», pensé; y para mi desgracia, el hombre se encontraba exactamente dónde se había quedado antes. Y como si el tiempo no hubiese avanzado para él, siguió moviéndose como si jamás fuera parado. Se dirigía hacía mí con parsimonia, pero me agobiaba sobremanera igual. Es que me parecía que el tiempo se ajustaba para él, para que avanzara más lento y yo solo pudiera verlo caminar. Me ponía ansioso porqué temía lo que pasaría si me atrapaba. Solo avanzó tres pasos, estaba a dos metros y medio de mi cama; pero ese tiempo me pareció eterno. La angustia era lo único que se podía percibir de mí al ver cómo caminaba. Y de la nada, algo de mi habitación se cayó de golpe y yo reaccioné instintivamente, volviendo mi cabeza hacía el sonido del impacto, sacándome así de la parálisis. El hombre había desaparecido. Eran las 6:05am igual. Volví a dormir. Me levanté a mediodía. Decidí dormir más temprano al otro día, apenas el sol se sepultara por el horizonte. Tenía que levantarme temprano, estudiaría la mañana después. Terminé durmiendo como unas cuatro horas después, con lo mismo. Bueno, en esta pesadilla (luego del despertar de la oscuridad antes contado) estaba hundido bajo un vasto mar. La presión de allí abajo era terrible, como si estuviese más allá de la fosa de las marianas. Y extrañamente, no estaba oscuro, al contrario, se veía claro,como si fuese tan solo un riachuelo. No obstante, el agua seguían sin reflejar nada, todo estaba claro, transparente. Y por supuesto, no estaban los típicos animales que residen bajo estas profundidades, sino más bien unas cabezas humanas pegadas a aletas de tiburones que nadaban sin control como buscando alimento abriendo sus bocas ansiosas. Fue nada más verme ahogándome al borde de la muerte y todos se vinieron a devorarme. Se comieron todo mi cuerpo, y cuando solo quedaba mi cabeza dejaron de devorar. Uno de los peces, el que parecía el más viejo, mudo su aleta y pereció. Los demás recogieron esa aleta y me la pegaron por donde debería ir mi cuello. Aterrorizado, proferí otro grito que me sacó del sueño. El cuerpo me ardía como si me fueran arañado toda la noche. Todo estaba tal cual la noche pasada, el hombre estaba ahí, la luz de la luna ya reflejaba su cuerpo (que para variar aún así no se podía ver, pero se notaba un larga figura); y yo tenía parálisis. También tenía una fuerte hambre indomable. Tres veces seguidas me empezaba a agobiar. Y el hombre que seguía avanzando cada vez más hacía mí. Retomó su camino, y esta vez solo tres pasos entre eternos segundos le bastaron para llegar al pie de mi cama. Y estaba subiendo una pierna para montarse en mi cama cuando escuché que algo golpeó la ventana. Volteé adquiriendo el movimiento de vuelta, vi que no había nada en la ventana. El hombre se fue como siempre. Comprobé la hora (6:05am otra vez), y me volví a dormir. Me levanté a la 1pm. Nadie consiguió despertarme para llevarme al colegio. Ese día, me llevaron a terapia, y yo conté lo de las parálisis. Nada de lo que dijo me sirvió realmente, así que no lo mencionaré. Hice lo mismo del día anterior, que fue irme a dormir temprano. Aún así, igual me dormí horas después. Dentro del sueño, tras despertar de la oscuridad inicial, estaba en la orilla de una playa. El agua se mantenía invisible, transparente. En el cielo carecía el sol, las nubes, todo; solo gris. Estaba recostado sobre arena negra que brillaba con bacterias bio-luminiscentes. Podía verse precioso, pero no para mí. Entre la arena, se comenzaron a cavar hoyos en puntos indefinidos. Y entre tantos, pues obviamente terminé cayendo en uno. Me sentí como si cayera en un boca, pues el hoyo se cerró tras mi caída. Y allí sepultado, empezaron a resplandecer las bacterias a mi alrededor. No pasó mucho para que me empezaran a caer encima a comerme hasta que solo quedara una diminuta porción de mí. Me engulleron a la vez, y cuando todo mi cuerpo menos mi boca brillaba, grité y pude salir. Todo el cuerpo menos la boca me picaba como si todos los mosquitos del mundo me picaron a la vez esa noche. Ahora el hombre estaba ya encima de mi cama, sin permitirme ver la posición de la luz de la luna. Entre los movimientos más lentos del mundo, se me empezó a acercar hasta estar frente a mí, y esta vez, no fue algo que pasara en mi habitación lo que me sacó de la parálisis. Fue el hombre que con su mano negra como el humo me cerró los ojos, y cuando los abrí ya no estaba y podía moverme. 6:05am. Me dormí y me levanté a los 2pm. Todo el día estuve muy ansioso. Mi madre me dijo que me habían expulsado del colegio por todo lo ocurrido. No había cosa que me importara menos. Mis padres estaban decepcionados de mí, y aquel día fue de los peores en mi vida. Pero no el peor. No, el peor fue cuando esos dos me trajeron aquí y me sacaron de mi cómodo lugar en el orfanato. En mi mente, persiste un escenario en que me dijeron ser los asesinos de mis padres originales, y que me habían “secuestrado”. Me parecía inverosímil, pues también veía el escenario en que que mis padres biológicos habían muerto por sobredosis de droga. La diferencia, es que ese lo percibo más como un recuerdo; se suicidaron por una razón que solo saben ellos (vi sus c*******s, y tras eso, empecé a tener las pesadillas). Por lo que no entiendo las palabras de mis “padres”. La verdad, no sé ni porqué les digo “padres”, si ellos aseguran ser secuestradores, y que yo he desarrollado el síndrome de estocolmo; Quizá solo esté confundido, pues es lo que me dice una parte lejana de mi mente que me contaron cuando se presentaron. Nunca lo entendí. Siempre tuve la duda de si estos escenarios eran reales o ficticios, pues ellos me trataban bien, y parece que les preocupo. Yo le creo más a lo que percibo como un recuerdo. Supongo que mi mente llegaría a crear el primer escenario para intentar deslizar la culpa en alguien más que no fuera yo. En fin, en la noche me dijeron que duerma a la hora que yo quisiera, que no importa nada. Me acosté a las 5pm y me pude dormir a las 12am. Aquella vez no tuve pesadillas. Pude dormir bien. Aunque si llegó un momento de la noche en que me desperté de repente, 4:00am. Sé qué hora era porqué pude ver el reloj de mi teléfono, no tuve parálisis esa vez. Y me desperté porqué sentía una presión sobre mí. Que resultaba ser aquel ser que entre segundos eternos se había acercado a mí, y ahora estaba sobre mi pecho como si nada. Yo tenía entendido que así no funcionaba una parálisis, y más cuando en este momento no la tengo. Pero, ¿sabes, extraño? No me importa lo que me pase. La verdad, nunca quise pertenecer a este mundo. La última vez que fui a terapia, robé los documentos del que me atendía, y descubrí entonces que padezco ansiedad. Y que mis pesadillas se debían a intentos desesperados de mi subconsciente para matarme, ya que lo soñaba me lo hacía en la vida real al equivalente. Por eso siempre amanecía lastimado; pues aunque yo no sabía porqué se habían matado mis padres biológicos, tenía que ver conmigo. Y aunque no me explicaron nada, me echaron la culpa de todo. Y me lo terminé creyendo. Me descubrieron, y yo solo pregunté: “¿cómo murieron mis padres?”, su rostro reflejó la mismísima cara de la tristeza. Solo me dijo que recibieron los golpes más duro que la vida podía dar. Quisiera disculparme con ellos, y por lo que sea que haya hecho mal, que espero no sea el haber nacido. No sé si este “ente” esperaría algún momento perfecto. Al menos, si lo supo hacer, y por ello tengo la confianza de entregarme a él, hacía ese abismo. Luego de comprender eso, la cara del ente de repente se revela, y me veo a mí mismo. Su cuerpo adoptó la forma de mi cuerpo, pero desnudo. Y pude ver todas las heridas que me había hecho. Tras ello se desvanece en partículas de polvo que vuelan a juntarse con mi cuerpo. Cierro los ojos, deslizándome ya hacía la muerte por todos los daños y por la droga que me había metido.  Por mi mente recreo las escenas en la que el ente se acercó, pero reemplacé al ente por mí. Así mi surrealista imaginación planteó un nuevo escenario en que yo mismo intentaba acercarse a mí para matarme. Me sorprende el hecho de que ni siquiera puedo percibir mi realidad de que yo mismo me estoy suicidando, sino de que es un ente, que también soy yo mismo, que me estaba matando. Y qué curioso, que eligiese hacerlo tras acercarse primero… entre segundos eternos.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR