El Sombrero Ensangrentado

2857 Palabras
*Sonido de disparo* Un par de patrullas se dirigen a una residencia con motivo de un reporte local. Aparentemente, según palabras del vecino autor del reporte, se oyó un disparo en la casa de al lado. El vecino asevera que ha sido motivo de un homicidio, adjudicando que, al momento del disparo, oyó también la ventana de su cuarto romperse. Estaba convencido de aquello, de haber sido un s******o la ventana no se habría roto; era su mejor argumento. Además, el vecino también comenta que tanto el día anterior, había notado un preocupación en el habitante del hogar, incluso consternado por algo. Pues se le notaba cierta inseguridad en su semblante. Y no podía ser nada de su casa porque sabía que vivía solo. Y un comentario quizás inútil era que la víctima, a impresión del vecino, no se había retirado el sombrero n***o como el carbón común en este, pues en ningún momento desde el día anterior lo había visto sin él. Sin embargo, cuando los oficiales investigaron la residencia encontraron algo curioso. Primero notaron la puerta estaba cerrada con llave y todo lo demás también. En la habitación de la que se sospecha se oyó el disparo, no había ningún cuerpo. De hecho la habitación estaba como si nada. Todo lo que había eran vidrios ensangrentados rotos en el suelo pertenecientes a la inexistente ventana. Al parecer alguien, seguro la víctima, había caminado descalzo sobre los vidrios rotos. Más estos no dejaban ninguna especie de rastro. Aunque ese detalle era extraño, no podían concluir un homicidio. Quizás solo fue una coincidencia y la presunta víctima simplemente no ha vuelto a casa y alguien estuvo en su casa. Pero el dueño de la casa nunca volvió a su hogar. Nunca se volvió a saber de él ni de su residencia y el caso quedó sin resolverse con dos posibles explicaciones que no encajaban. O era un homicidio cubierto, es decir, que el asesino tuvo que haber asesinado a la víctima y desaparecer el c*****r para no ser descubierto. O fue una desaparición (de la que también se cree muerto) y alguien estuvo en su casa, rompiendo la ventana y andando descalzo. Aunque las pertenencias del hombre estaban intactas. Al final, el caso quedó en el misterio… Al día siguiente, en una estación del tren un poco lejos de la zona recién mencionada, una chica de unos 19 años abordaba un tren. Su nombre era Valerie y le aguarda un largo viaje. Está viajando por motivos de la universidad además de que sus padres le habían comprado una casa en la misma ciudad. Justo antes de abordar se detuvo un segundo y mira a un costado del tren, ya que tenía una extraña sensación de ser observada. En efecto, un hombre vestido de n***o estaba parado en dirección hacia ella. Estaba cabizbajo, por lo que no se podía ver su rostro gracias a la sombra de un sombrero que tenía. El sombrero era n***o como el carbón. Valerie no le dio importancia al hombre y sólo entró al tren mirando al hombre por encima del hombro. Una vez instalada en el tren, puesto que viajaba sola y el viaje que le aguardaba era largo, había ido preparada, pues cargaba consigo una novela romántica que planeaba terminar con el viaje. La novela se titulaba “Pasión por las vías”, únicamente por el título a Valerie le pareció perfecta la ocasión para leerlo completo desde el inicio. Sentada en su asiento, preparada para comenzar a leer, levanta la vista para observar a su alrededor. En eso, ve nuevamente al hombre ensombrerado, estaba del otro lado del vagón. Valerie pensó que era una mera coincidencia y decidió no pensar en ello. Entonces bajó la vista, y sólo por curiosidad volvió a mirar, el hombre ya no estaba. Retomó su decisión de no pensar en ello y, ahora sí, sin más dilación, comenzó a leer. La sensación de ser observada, sin embargo, jamás desapareció. La novela se trataba de un chico llamado “Alberto” (el nombre se le hacía familiar, pero no recordaba de donde), que hacía lo imposible por conquistar a una chica. Y el día que debía declararse ella abordó un tren para irse lejos. Entonces Alberto tiene que conseguir llegar al tren para poder declararse. Y cuando por fin consigue llegar al tren, llegando a las paradas del tren para abordarlo, es cuando empieza a buscar a su chica para enamorarla. A medida que leía Valerie pensaba en lo maravilloso que sería tener un chico como “Alberto”, pues se le hacía muy atractivo y valeroso lo que él hacía para así poder llegar a su amada. Con ese pensamiento rondando en su cabeza, la naturaleza llama y, a mitad del libro, decide hacer una pausa y atender el llamado de la naturaleza. El tren contaba con baños al final de cada vagón. Valerie se dirigía hacía allí cuando de pronto, a través de las ventanas de las puertas entre su vagón y el de atrás, ve como claramente el hombre ensombrerado está parado, en el otro vagón exactamente en el mismo lugar en el que estaba para ella en su vagón. Valerie comenzó a preocuparse y apartó la vista un momento a la vez que daba un par de pasos. Entonces vuelve a mirar al otro vagón sólo para ver otra vez al hombre, notó que este había avanzado el mismo par de pasos que ella había dado. Mira hacía sus pies y avanzó varios pasos, inevitablemente volvió a mirar al otro vagón viendo que nuevamente el hombre había avanzado lo mismo que ella. Comenzó a asustarse, y empezaba a pensar que estaba siendo acosada. Aunque el hombre se ha mantenido en la misma posición de la primera vez, comenzaba a poner incómoda a Valerie. Ella miró alrededor para ver si alguien había notado su comportamiento reciente. Nadie la estaba viendo. Siguió avanzando con el hombre, pero esta vez sin apartar la vista del hombre, notando que esta vez, el hombre ya no la seguía siempre y cuando lo estuviera observando. Fue así como casi llegó al baño. El ensombrerado se mantuvo en el mismo lugar. Estando a punto de entrar al baño, un niño pequeño que estaba cerca de repente comenzó a llorar. Su llanto alertó a Valerie quien apartó la vista del hombre en el acto. Tras comprobar lo que pasaba, rápidamente volvió a dirigir su vista hacía al hombre. Pero ya era tarde. El hombre ensombrerado estaba parado frente a la puerta del vagón. Valerie se sobresaltó, y de súbito entró al baño. Trató de relajarse y atendió de sus necesidades. Salió con el miedo irreflexivo de volver a mirar al otro vagón, descubriendo que el ensombrerado ya no estaba allí. Aliviada se encamina a su puesto, para continuar con su novela. Mientras va cree ver nuevamente al ensombrerado sentado en su puesto, pero aclarando su vista desmiente tal cosa. Ya un poco paranoica regresa a su asiento y retoma su lectura. Tras seguir leyendo, creyó escuchar algo proveniente del techo. Segundos después, pensó que quizás fue su imaginación y siguió leyendo. Momentos después lo volvió a escuchar, esta vez más fuerte. Y ahora eran consecutivos, se asemejaban a un animal salvaje caminando en cuatro patas estruendosamente. Aparentemente nadie más que ella lo había escuchado. Ello la inquietaba. Miró la ventana, se aproximaba un túnel. Si había algo en el techo, no viviría por mucho. Ingresaron en el túnel. Valerie estaba angustiada por lo que sea que pueda estar en el techo. Miró por la ventana y entre las luces del túnel Valerie notó que había algo allí, pero entre las luces se le dificultaba ver qué era. Concentrándose, finalmente logró ver, espantada, que se trataba del ensombrerado otra vez. Salieron del túnel. Estaba boca abajo, el sombrero le tapaba media cara, ahora se veía claramente. Sin embargo, a pesar de estar a un costado de un tren en movimiento el sombrero no se caía. De hecho ni se movía. Valiere no soportó tener a ese sujeto en su ventana así que cambió de asiento. Durante el resto del viaje no hubo más señales del ensombrerado. Aunque Valerie aún tenía la terrible sensación de ser observada y también sentía que tenía alguien frente a su asiento. Finalmente llegó a su destino. Justo también terminó la novela. Esta terminó con el protagonista “Alberto” siendo asesinado por un arma. Le dispararon en la pierna izquierda, ese fue el momento en el que se pudo declarar a su amada y esa vez ella le correspondió. Se dieron un último beso, al separarse Alberto dijo sus últimas palabras: “Mi sangre como tus lágrimas han sido derramadas, tu amor ya no me acontece y mi ser se desvanece, espero encuentres cuyo amor sea tan fuertes como las llamas, desaparezco entre n***o pero mi amor de un fuerte rojo permanece”. Una vez culminado su poema de despedida, a Alberto le disparan en la cabeza, muriendo al instante. Valerie andaba pensativa con ese final, le había afectado la muerte de Alberto. Pero seguía queriendo un hombre como él. Rondaban casi las 5 de la tarde. Abandonó la estación y emprendió camino hacía su nueva casa. En el trayecto empieza a sentir una incómoda sensación de que la están siguiendo. Voltea y resulta que el ensombrerado estaba a varios metros detrás de ella. Se gira para tratar de evitarlo, pero resulta que el ensombrerado está ahora a varios metros delante de ella, solo que un poco más cerca. Vira a otra parte, y lo mismo. Lado al que viraba lado en el que estaba el ensombrerado,y cada vez más cerca. Se comenzó a desesperar, comenzó a sentir escalofríos. Su mente olvidó a donde debía ir. Se sentía desorientada, pérdida, recordaba dónde estaba la casa pero ya no se acordaba de cómo llegar. Finalmente alguien la sacó de trance notando su actitud. Era un joven atractivo con sombrero. Este le preguntó que qué le sucedía. Y esta con desconfianza y desdén le dijo que había olvidado cómo llegar a su destino. Este amablemente le explicó por dónde ir. Valerie agradeció y continuó con su camino despidiéndose. Se sentía cansada y angustiada, sólo quería llegar a su hogar. En su camino seguía sintiéndose observada y que tenía a alguien detrás. Sin embargo, el ensombrerado no volvió a hacer acto de presencia. Llegó a su nueva casa cerca de las 6pm. Se sentía cansada. Quería dormir, pero entonces, su estómago rugió. Fue allí que cayó en cuenta que no había comido nada desde la mañana. No le gustaba nada tener que volver a salir, pero tenía que, pues en la casa no había comida y no había tiempo de ir a comprarla. Además de que convenientemente al frente de su casa había una cafetería. Ingresó y pidió su orden, una comida sencilla para calmar su hambre. Fue entonces que lo vio. El chico que la ayudó a llegar a su casa estaba allí, entrando a la cafetería. Este venía solo, y al parecer entraba en la cafetería con los mismos motivos que ella. Valerie ahora ya no sentía la misma desconfianza que la primera vez, de hecho, aquella vez el joven le pareció muy atractivo. Por supuesto aún llevaba su sombrero, lo tenía puesto de tal forma que se descubría un mechón de su cabello castaño. Tenía unos ojos azules que cautivaron enseguida a Valerie. El chico la miró, y se le acercó con una sonrisa. Ella le devolvió la sonrisa al tiempo que el chico se sentaba junto a ella. Le comentó que su nombre era Alberto. A Valerie le pareció curioso y divertido ese hecho. Y así fue como comenzaron a platicar plácidamente. Ambos se enamoraron el uno del otro. Aunque era una cita improvista fue todo un éxito. Al terminar la cena, Valerie, fascinada por Alberto, le invita a su nueva casa con obvias intenciones. Aunque las cosas fueron demasiado rápidas, a ninguno de los dos parecía importarle. La noche estuvo llena de pasión. Valerie se llegó a sentir como en la novela. Todo era perfecto. No había modo de arruinarlo. Aunque un dato curioso, era que Alberto en ningún momento se retiraba el sombrero, y cuando, por la tensión del momento, y al intentar quitárselo este se negaba. La noche fugaz pasó. Amaneció, Valerie despierta por un rayo de sol que se filtró por la ventana. Alberto estaba sentado a un costado de la cama, aún con el sombrero. Parecía afligido. Valerie lo nota y se levanta, aún desnuda tapándose con las sábanas, y le pregunta que qué le sucede. Este no responde. Valerie lo enrolla con sus brazos soltando la sábana. Pero este sin reaccionar se levanta de la cama, y abandona la habitación. También se levanta con la sábana, extrañada, y estando a punto de abrir la puerta esta se vuelve a abrir. Valerie soltó la sábana de la impresión. Allí estaba el hombre ensombrerado que tanto la había atormentado en su viaje. Llevó sus manos a su boca y lágrimas comenzaron a caer por su mejilla. Enseguida Alberto comenzó a hablar: —¡No te asustes! He sido yo todo el tiempo —Alberto se sube el sombrero para que Valerie pueda ver su rostro, pero lágrimas eran la única respuesta de ella—, te he estado siguiendo. Pero no por nada malo —Suspira—… Tú seguramente no te acuerdas de mí, pero soy tu viejo amigo de la secundaria: “Carlos Alberto”, he estado enamorado de ti desde la primera vez que te vi, pero nunca tuve el valor para decírtelo. Valerie quería hablar, ahora entendió porqué el nombre de “Alberto” se le hizo familiar antes. Sin embargo estaba en Shock, haciendo que olvidara por completo el hecho de estar desnuda en aquella situación tan extraña. Alberto siguió hablando: —Me conformé por un tiempo con ser tu amigo, queriendo declararme incontables veces, pero nunca con la valentía suficiente para hacerlo realmente. Así duró por muchos años, hasta que finalmente terminamos la secundaria. Cada quién iba a seguir con su vida y yo seguía sin poder confesarte mi amor. Aunque jamás te perdí el rastro. Sabía donde vivías por una fiesta que hiciste en una ocasión. Valerie no paraba de llorar. —No soy un psicótico, no perdí tu paradero porque tenía amigos más cercanos a ti. Fue por uno de ellos que me enteré que te ibas mudar por motivos de la universidad. Aquello me devastó. Tú te ibas lejos y yo no te perdería para siempre. Así que ese mismo me decidí a finalmente armarme de valor y demostrarte mi amor. Planeaba hacerlo el mismo día en el que ibas a partir. Las lágrimas de Valerie se hacían más pesadas. —Sin embargo, el destino no tenía los mismos planes. Pues, el día anterior, mientras estaba en mi casa preparando emocionalmente para lo que me esperaba, recibí un disparo en la cabeza, un disparo perdido. Toda la sangre y la repercusión del disparo ahora mismo permanecen bajo el sombrero. Mi amor era más fuerte que la muerte e impediría la muerte sólo para poder, al menos, decirte mis sentimientos antes de abandonar este mundo. Valerie estaba conmocionada y melancólica. —Así que, como ya he cumplido mi objetivo, y me dan de desaparecido o muerto en mi vecindario. Mi jornada en este mundo ha terminado. Sólo quería estar contigo y disfrutar de tu bello ser. Espero que consigas el amor que tanto anhelas. Es gracioso porqué yo también leí el libro que tu leíste en el tren. Fue por eso que intenté hacerte sentir como el protagonista hizo sentir a su amada, o al menos una parte. He cumplido con mi objetivo. Me despido de ti sin más que decirte. Ya he hecho todo lo que tenía que hacer. Mis últimas palabras para ti son: “Mi sangre como tus lágrimas han sido derramadas, tu amor ya no me acontece y mi ser se desvanece, espero encuentres cuyo amor sea tan fuertes como las llamas, desaparezco entre n***o pero mi amor de un fuerte rojo permanece” Acto seguido, Alberto se retira el sombrero a la vez que Valerie estallaba en un fuerte y melancólico llanto profiriendo un grito ahogado. Lo primero en caer al suelo es una bala. El cuerpo ahora inerte de Alberto cae de bruces al suelo, y un charco de sangre procedente de su cabeza comienza a salir. La sangre era de un tono rojo apagado. El sombrero a unos metros del cuerpo de Alberto estaba lleno de sangre por dentro... Valerie, luego de ese trauma emocional, logró superarlo luego de un tiempo. Y continuó con su vida, fue a la universidad y consiguió graduarse. Se consiguió una pareja y un excelente trabajo. Su vida era más que perfecta. Sin embargo, Valerie nunca pudo olvidar a Alberto, y toda su vida vivió con el recuerdo en su consciencia del bello amor que pudo tener con Alberto si las cosas hubiesen terminado de otra manera.  Incluso conservó el sombrero de Alberto, ese sombrero ensangrentado...
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