2. NECESITO UN EMPLEO

1049 Palabras
—Fabi, espérate —le pidió Deisy agarrando suavemente su hombro, haciendo que su amiga se girara hacia ella—. Esas hijas de puta estaban riéndose de ti, ¿Verdad? —indagó, con ira en su tono. —¿Qué importa ya? —respondió Fabiana, dejando escapar un sollozo. —Claro que importa, porque yo las vi saliendo; iban muertas de la risa, junto a los estúpidos de Thiago y Evan —mencionó—. Escucha, Fabiana... No quiero que les sigas el juego a esas malditas arpías; tú sabes quién eres y cuánto vales, ¿Ok? —finalizó y la envolvió en un abrazo reconfortante. —¿Tú los conoces? —preguntó Fabiana sorprendida, al deshacer el abrazo. Ella asintió. —Todos aquí saben quiénes son. —Se acercó un poco—. Se dice, que se han revolcado con el ochenta y cinco por ciento de las chicas de la universidad —susurró, para no ser escuchada—. Iliana, la pelirroja, vive enamorada de Thiago; pero él le huye a los compromisos, según dicen... —agregó, con una mueca de lástima en su rostro. —¡Wow!. —exclamó Fabiana, levantando ambas cejas —. No se me hace extraño... Como es tan guapo, le saca provecho —soltó de pronto, por lo que su amiga le puso cara de pregunta. —¿Es mi impresión, o te gustó el ojiverde? —cuestionó ella, frunciendo el ceño. Fabiana negó inmediatamente. —¿Cómo se te ocurre?. Solo fue un comentario, nada más —aseguró. —Como sea... Tú, ignora las provocaciones de esas tres; ellas son unas estúpidas, con delirios de superioridad. —Te quiero, amiga —le respondió, agradecida. Deisy le sonrió y besó su frente. Vio un taxi que venía, así que lo detuvo y cuando le hizo la seña a Fabiana para que subiera, esta negó con la cabeza. —Gracias, Dei, pero aún no voy a casa —informó. Su amiga levantó una ceja y la miró confundida. —¿A dónde vas entonces? —preguntó con curiosidad. —Voy a entregar algunas hojas de vida, necesito un empleo en las tardes —confesó, presionando sus labios en una fina línea. —¿Y eso por qué?... Tus padres están apoyándote, ¿No? —cuestionó Deisy, algo pensativa. —Sí, amiga... Es solo que quiero ganar mi propio dinero y además, ocupar mi tiempo, para no pensar tanto —explicó, por lo que ella asintió y le dio un leve apretón en el hombro. —¡Te acompaño! —propuso. —No es necesario, Deisy; mejor ve. —Besó su mejilla—. Más tarde te llamo y por favor, que esto quede entre las dos; le diré a mi familia, cuando sea un hecho —concluyó, por lo que su amiga no tuvo más remedio que asentir. Subió al taxi y se marchó. Fabiana caminó hasta la parada del autobús, donde esperó pacientemente a que este llegara. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ —¿Cómo vas?, ¿Has encontrado algo? —le preguntó Deisy al teléfono, mientras ella caminaba por el centro de la ciudad. —¡Nada!... Ya sabes: "Necesito gente con más experiencia", "Acabamos de conseguir a alguien para el cargo", "déjeme la hoja de vida y cualquier cosa, le estaremos llamando" —respondió Fabiana, luego soltó un suspiro de cansancio. —No te desanimes, linda; debes tener paciencia; verás que pronto, consigues algo —aseveró su amiga, dándole ánimos. —Sí, eso haré... Gracias por tu apoyo —concedió y se vio interrumpida por el rugir de su estómago, recordándole que no había almorzado. Por fortuna, encontró frente a ella un puesto de comidas—. ¿Sabes?, Voy a comer algo, luego hablamos. —De acuerdo, cuídate... ¡Nos vemos! —respondió su amiga y terminaron la llamada. Fabiana se acercó al puesto y ordenó un hot dog; la mujer que atendía, empezó a prepararlo de inmediato, mientras otras personas más comenzaron a llegar al lugar. —¡Vaya!... Tienes muy buena espalda —le dijo la chica, con una amplia sonrisa. Ella la miró, sin entender. —Disculpa, pero no sé a qué te refieres —respondió, avergonzada. —A que estaba sola, llegaste y mira... Ahora no doy abasto —explicó, satisfecha. —¡Oh!... ¡No!. —Fabiana sonrió—. Quizá, solo es coincidencia. —Encogió sus hombros, restándole importancia. —¡Qué modesta! —exclamó la chica, con una sonrisa; le entregó su pedido y siguió atendiendo a los otros clientes. Fabiana se quemó los labios al dar el primer mordisco, lo que hizo que soltara el hot dog y cayera al piso, junto a su carpeta. Las hojas de vida que quedaban en ella, se mancharon con las salsas derramadas; dio un bufido de frustración, mientras algunos se burlaban de ella sin ningún reparo y aunque trató de no mostrarse débil, algunas lágrimas rodaron por sus mejillas. —Bueno, ¡Ya!... Que falta de empatía y respeto por los demás. —Una mujer mayor, bonita y muy elegante, empezó a defenderla—. ¿Estás bien, nena? —le preguntó, mientras le ayudaba a recoger las cosas del piso. —Sí, gracias —respondió Fabiana, después de tomar un poco de aire. —¡Váyanse!... Aquí no hay nada que ver —ordenó la mujer, por lo que quienes se estaban riendo, pagaron sus pedidos y se fueron—. No les prestes atención, es gente sin la más mínima educación... ¡Como si nunca hubiesen tenido algún incidente!. —No se preocupe, estoy acostumbrada —aseveró Fabiana, limpiando sus lágrimas—. Lo que me preocupa, son mis hojas de vida... Mire cómo quedaron y justo tenía pensado entregarlas ahora mismo —se lamentó, tratando de limpiarlas con una servilleta, lo que obviamente fue imposible. Los documentos estaban hechos un desastre. —No te preocupes, mi niña. Yo tengo una papelería aquí cerca... —dijo e hizo una pausa, como pensando—. De hecho, creo que tengo una propuesta para ti —agregó, por lo que el rostro de Fabiana se iluminó por completo. No todo podía salirle mal, en este día de mierda.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR