3. ¡BIENVENIDA!

1061 Palabras
—¿De verdad? —preguntó emocionada. La elegante mujer asintió sin dudarlo. —Claro... Tú estás buscando empleo, yo a alguien que me ayude. —Sonrió—. Por cierto, soy Antonia Bustamante; mucho gusto —se presentó, extendiendo su mano y Fabiana la estrechó amablemente. —Mucho gusto; Fabiana Cruz — respondió, con una hermosa sonrisa, que le marcaba unos preciosos hoyuelos en las mejillas. —¿Entonces vamos? —preguntó. La chica asintió, pagó su comida, dio un sorbo a su bebida y siguió a Antonia, hasta la papelería; efectivamente, era bastante cerca del lugar. —Por favor pasa, Fabiana. —La mujer hizo un ademán para que la joven entrara, después de abrir la puerta. —Muchas gracias, con permiso —respondió ella con timidez, antes de adentrarse en el sitio. Observó a su alrededor cada centímetro del lugar y estaba impactada; era una papelería muy grande, lo que le hacía entender que estaba en un lugar bastante acreditado. Caminaron hasta el fondo del local, donde estaba la oficina de Antonia, quien abrió la puerta y le incitó a pasar y tomar asiento, después ella hizo lo mismo. —Tiene una papelería muy bonita, señora Bustamante —aseveró Fabiana, rompiendo el hielo. —Gracias, querida, pero mejor llámame Antonia; me divorcié hace ya varios años —comentó, encogiendo sus hombros. —Siento escuchar eso, Antonia —contestó, haciendo una mueca de tristeza. —Yo no... Realmente mi exmarido era un pendejo, pero bueno, te cuento... —Suspiró—. Necesito de alguien que me ayude aquí en la papelería, con cosas como atender los clientes, manejar el dinero, hacer y recibir pedidos, realizar el inventario... ¿Me explico?. —Sí, por supuesto. —¡Bien!... Por favor, déjame ver tu hoja de vida —pidió Antonia. Con vergüenza, por lo ocurrido en el puesto de comidas, Fabiana le entregó la carpeta; aunque por suerte, se podía entender la información que contenía. Ella la revisó y un gesto de satisfacción se marcó en su rostro. —¿Estudias en la universidad Tecnológica? —preguntó entusiasmada. —Así es... Voy en quinto semestre de psicología; bueno... Hice una pausa en mi carrera por dos años, pero acabo de retomarla. Mis padres han invertido en mi educación y no puedo quedarles mal —explicó. —Ya veo... Me alegra, que seas tan consciente y madura a tu edad; ya quisiera yo, que mi hijo pensara igual que tú —comentó Antonia, torciendo una sonrisa—. Cuéntame, ¿Qué tal estás con los horarios? —indagó, con toda su atención en la joven. —Pues... En este semestre, acomodé todas mis clases en la mañana, precisamente para poder conseguir un empleo de medio tiempo, en las tardes —respondió Fabiana. —Mejor dicho, llegaste como caída del cielo, mujer... Es que yo necesito alguien aquí, justo en las tardes, ya que debo hacer todas mis diligencias a esa hora —dijo Antonia, sonriendo con suficiencia —. Te puedo pagar un salario acorde a las horas y obviamente, con todo lo de ley. ¿Te sirve? —cuestionó, expectante. —No se imagina cuánto, Antonia —aseguró la chica, con una sonrisa que amenazaba con partirle la cara. Su ahora jefa, se levantó de su asiento, rodeó el escritorio y sellaron el acuerdo con un abrazo, seguido por un apretón de manos. —¡Bienvenida! —le dijo, mientras ambas sonreían. Salieron de la oficina y nuevamente recorrieron el local, pero esta vez, Antonia se encargó de explicarle sus funciones con más detalle, a lo que Fabiana prestó toda su atención, completamente emocionada. —Mamá, ¿Estás aquí?... —interrumpió una voz, que a ella se le hizo familiar. Cuando se giró, quedó paralizada, al ver de nuevo esos ojos verdes, en los cuales se perdió de inmediato. —Cariño, que bueno que llegas... Déjame presentarte a Fabiana, ella va a ayudarme aquí, en la papelería; Fabiana, él es mi hijo, Thiago —los presentó Antonia. —¡Hola! —musitó ella apenas. —No sabía que estabas buscando ayuda en la papelería, madre —dijo él, sin dejar de mirar a Fabiana. Se sentía avergonzado por lo que pasó en la universidad, o eso al menos, era lo que pensaba. —Pues sí, ya ves que en ocasiones, no me queda mucho tiempo —respondió su mamá, sonriendo y observando la extraña escena entre los chicos. —Yo... tengo que irme... Mañana, después de clases, aquí me tendrá; muchas gracias por todo, Antonia —anunció Fabiana y sin esperar respuesta, caminó hacia la salida del lugar. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯. —¡Estás jodiéndome! —exclamó Deisy con asombro, cuando Fabiana le contó lo sucedido. —No, para nada —aseguró ella. —La señora Antonia, es un amor —comentó, mientras su amiga le acercó una taza del café que estaba preparando. —Ay, Fabi... —Deisy dio un sorbo a su café y levantó ambas cejas—. ¿Imaginas la cara que pondría una amiga mía, si se entera de que compartirás más tiempo con su "amor platónico"? —cuestionó con sorna, por lo que ambas se soltaron en risas. —Voy a trabajar con su mamá, no con él —rebatió Fabiana—. Y por favor, Deisy; júrame que no vas a ir de chismosa en la universidad —le pidió, juntando sus manos en señal de súplica. —Amiga, me ofendes —respondió la castaña, fingiendo molestia. Volvieron a reír. —Por supuesto que te conozco, ¿Por qué crees que te lo advierto? —mencionó ella, aún sonriendo, mientras su amiga negaba con la cabeza. ✯¸.•´*¨`*•✿ ✿•*`¨*`•.¸✯ Fabiana llegó a su casa; aún su hermano no llegaba del colegio y sus padres tampoco estaban. Se dirigió a su habitación, descargó su mochila en el sillón y se tiró sobre la cama, con una sonrisa en su hermoso rostro; cerró sus ojos, empezando a recordar aquella mirada verde; jamás nadie le miró con tal intensidad. —¿Qué me pasa? —se preguntó sacudiendo su cabeza, para alejar aquellos pensamientos. No entendía, por qué ese hombre estaba ocupando su mente.
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