Muecas iban y venían, al compás de cada captura; si estaba soñando, Fabiana no deseaba que la despertaran, por nada del mundo. Podía seguir posando por horas, pues acababa de reafirmar cuánto amaba esto. Tras un par de minutos, se detuvo el flash, lo que le indicó que debía regresar a su realidad. Sonrió y soltó un sonoro suspiro, que hizo reír al chico frente a ella. —¿Qué tal lo hice?... Soy un desastre, ¿Verdad? —preguntó, ansiosa. Joel rodó los ojos. —¡Cálmate!... Lo estás haciendo maravillosamente. —¿Estoy? —replicó la joven, confundida. —Sí... Es que, no hemos terminado... —Él le señalo un sofá, en el cual ambos tomaron asiento—. Estas primeras imágenes son como para presentarte, pero además, me gustaría enviar algunas otras, donde te muestres completamente en acción, como si fu

