╰✦ ✦╮ Antonia y Nelly disfrutaban de un café, hablando de trivialidades, mientras esperaban por Thiago. Cuando menos pensaron, escucharon el ruido de un carro al llegar y, después de unos segundos, se marchó. Luego, la puerta se abrió y unos pasos, subiendo las escaleras, anunciaron la llegada del rubio. La pobre mujer estaba bastante nerviosa y no sabía cómo iba a decirle a su hijo lo que pasaba. Ella imploraba por un milagro, porque no se sentía preparada. Seguía con la idea de hablar con Fabiana, primeramente, para soltar aquel maldito peso. Obviamente, no esperaba el perdón de su hija, pero quería que ella supiera la verdad. Se lo debía. —¡Madre!, ¡Madrina! —saludó él, sonriente, besando la mejilla de cada una, cuando apareció en la sala. Antonia notó ese brillo especial en su mira

