Ella no tenía la seguridad, si entre Thiago y Fabiana estaba sucediendo algo, pero había notado sus miradas cómplices; cómo a su hijo le brillaban los ojos, si por algún motivo la mencionaban; aquella ocasión, en la que los vio tomados de la mano y muy cerca. ¡Dios!. Es que, había que ser ciego, para no ver lo que estaba pasando. Antonia soltó el aire de forma sonora y pesada, a la vez que limpió su rostro con una toalla de papel, mientras regulaba el llanto. —¿Qué mierda hiciste?. ¿Cómo pudiste? —se recriminó, mirando su reflejo en aquel espejo. Volvió a tomar un poco de aire, retocó su maquillaje y salió, para ir nuevamente a la mesa en la que estaban Nelly y sus amigos. —Toña, ¿Estás bien? —indagó la rubia, muy preocupada, al reconocer su semblante triste. —¡Sí!... Solo es el frío,

