— ¿Abuela qué es esto?- Pregunté con los ojos totalmente llenos de lágrimas.
— ¿La reconoces?
— Claro que sí, la he visto, mamá lo usa en los videos que papá grababa.
— Ella quiso que tú la tuvieras, no había encontrado el momento perfecto para darte esa cadena, pero creo que es momento de que la luzcas al fin.
— Abuela... esto es increíble.- Dije soltando las lágrimas que ya no pude retener.
— Sé que debiste haberla tenido antes, pero definitivamente, esto debía pasar hoy.
La cadena era una gargantilla, llena de estrellas de colores, vi en muchos videos que mamá la usaba, papá se la regaló cuando le propuso ser su novia y ella la guardó como un tesoro, ahora me pertenecía y la cuidaría mucho más que a mi vida.
Abracé a mi abuela, tan fuerte, que casi rompí sus huesos débiles por la edad, me aterraba pensar que no podía tenerla conmigo eternamente.
El timbre de la puerta sonó, supe que era la señal de que Angela llegó, así que agarré un pequeño bolso y me dirigí a la puerta. Mi abuela me miraba con una expresión de orgullo y felicidad.
— ¡Dios mío Eva! Estás... estás hermosa.- Dijo mirándome de arriba hacia abajo tratando de encontrar a la persona desarreglada que siempre fui, tanto como ella me sorprendí cuando me miré al espejo, no pude creer que esa persona era yo.
— Basta Angela, me haces sonrojar.- Dije avergonzada.
Ella me echó una sonrisa y me invitó a pasar a su auto.
Cuando entré me puse el cinturón de seguridad y sentí unos nervios incontrolables, noté que mis manos empezaban a sudar y mi presión bajó, ya que mis manos se pusieron totalmente frías.
— Tranquila Eva, todo va a estar bien, es solo una fiesta, nada del otro mundo.- Dijo mientras encendía la radio y ponía una emisora que a ambas nos encantaba.
Ese pequeño acto hizo que empezará a tranquilizarme poco a poco, retomando mi temperatura.
— ¿Entonces? ¿A qué lugar iremos?- Pregunté un poco curiosa.
— Es un bar al que va mucha gente de la universidad, chicos muy guapos y chicas como nosotras.- Dijo riendo.
— ¿Qué haremos entonces?- Dije siguiéndole la corriente a Angela.
— Bueno, quizás le podamos gustar a algún chico, nunca se sabe qué podría pasar.
— Sabes que no estoy interesada en esas cosas, no quiero nada con nadie.
— Eva el amor es tan poco predescible, así que no creo que eso dependa de ti.
No dije nada, yo no creo que tenga la razón, siempre he decidido lo que siento y por quién, no tuve ningún sentimiento por nadie, no me lo permití, esta no sería una situación distinta.
Antes de llegar, abrí la ventana y a pesar de que mi cuerpo temblaba por el frío, mi rostro se sintió fresco y relajado, cerré mis ojos y me imaginé este mismo momento en otro universo, en el que mis padres fueran quienes me vieran salir por la puerta de casa, en el que mi madre me entregara aquella gargantilla.
El resto del viaje, después de mis pensamientos se hizo bastante corto, así que cuando menos lo esperé, Angela me hablaba para que saliera del auto.
Al hacerlo, me quedé perpleja y admirada por el lugar, es enorme, con luces resplandecientes y en letras gigantes el nombre "DESEO" que me dejó pensando en todo lo que posiblemente pase ahí dentro.
Cuando entramos, el lugar era exactamente como me lo había imaginado, lleno de chicos y chicas con las hormonas por el cielo.
Se notaba a kilómetros su estado de embriaguez, sus bailes llenos de lujuria y aunque no pudiera leerlos, sus pensamientos seguramente eran una mezcla de sentimientos absurdos.
— Angela, no sé si esto vaya conmigo.- Dije mirando a mi alrededor, tomando mi bolsa y acercándola cada vez más a mí para que nadie pudiera tomar nada.
Ese lugar me daba una mala vibra, sinceramente por mi mente estaba pasando que yo no pertenezco a un lugar así, la mezcla de olores, entre sudor, alcohol, tabaco y drogas hacia que casi me vomitara.
— ¡Vamos Eva! Aún no conoces este lugar, sé que no es para nada uno de los lugares que frecuentas, pero dale una oportunidad. Ya verás que te vas a divertir.
Miré a Angela, quizá el hecho de haber sido criada por mi abuela me había dejado con algunas secuelas graves, ya que no pensaba para nada que tuviera algo de divertido.
— No, no lo aguanto, yo debo irme, creí que soportaría estar en este ambiente, pero veo que no puedo hacerlo ni un solo minuto más.- Le dije a mi amiga dándome la vuelta para llegar a la salida.
Traté con mucho esfuerzo pasar entre la multitud de jóvenes bailando y bebiendo, sentí como varias manos tocaban mi cuerpo y eso me desesperó de tal forma que no imaginaba volver a esto.
Cuando al fin salí y pude respirar el aire me quedé unos minutos paradas antes de decidir tomar un taxi y marcharme.
Sin embargo, para despejar un poco mi mente decidí caminar unos cuantos pasos hasta que llegara un taxi.
Al poco tiempo, sentí que una mano tomó de mi brazo fuertemente.
— Creo que no te han dicho, que las mujeres tan bonitas, no deberían estar a estas horas de la noche solas.- Dijo un tipo pegado a mí, su respiración en mi cuello hizo que se me hiciera la piel de gallina.- Mira que tienes aquí, es un hermoso collar y se ve que es muy fino.- Sus manos agarraron la gargantilla que llevaba, al entrar en contacto con mi piel hizo que todo mi cuerpo y mis sentidos se agudizaran, no había sentido el miedo hasta ese momento.
Me dio una vuelta en un segundo, con una fuerza indescriptible.
— ¡Pero qué bonita eres!- Exclamó.
En ese momento quería desaparecer, pensaba que prefería mil veces estar dentro de aquel lugar tan desagradable antes de esto.
Mis lágrimas empezaron a caer, aunque traté de aguantar lo más que pude, el miedo y la desesperación se apoderaron de mi cuerpo, no había marcha atrás, lo miré, y estaba segura de algo.... iba a morir.