— ¿Abuela, qué pasa contigo?- Pregunté furiosa al notar que era ella quien tomaba de mi brazo.
— ¿Conmigo Eva? ¿Al contrario, qué es lo que sucede contigo? Si ni hubiera estado aquí para detenerte seguro estarías muerta en el peor de los escenarios.- Dijo algo molesta.
— No exageres, solo iba a cruzar al otro lado de la calle.
— ¿No te das cuenta la cantidad de autos que pasan por aquí? Es como si de pronto te perdieras completamente de ti misma. Me asustas Eva.
Mi abuela tenía razón, de pronto fue como si todo a mi alrededor no existiera, no sabía si se trataba de alguna señal de mi padre, con todo lo que estaba pasando eso era lo único que se me pasó por la mente.
— Vamos a casa abuela, quiero descansar.
Ella me miró con una expresión de preocupación, pensé que lo de la terapia la convenció de mi estabilidad emocional.
Cuando llegamos a casa me puse a leer nuevamente el libro que mi padre me regaló, recuerdo ese día como si hubiera sido ayer y tuve la sensación de que esta aparición no había sido simple coincidencia.
Me habló muchas veces del destino, aquel que siempre hace las buenas y las malas jugadas, por el que prácticamente depende tú vida. Y uno de los libros que me dio fue precisamente sobre eso, hablaba del universo y de que como todas las cosas que tienen que pasar lo harán eventualmente, claro que yo no creí en esas tonterías, siempre pensé que nada ni nadie podía definir lo que pasara en tú vida, eso solo podría ser obra de tus acciones.
Sin embargo, a veces pasaban cosas tan extrañas, como la que pasó fuera del hospital, eso no tuvo nada que ver con alguna decisión que tomé en ese momento, solo sucedió y quizás el destino era una buena explicación.
Amaba tanto ese libro, por las cosas magníficas que decía, leerlo era como una droga para mí, cada vez quería más, pero a pesar de que lo había leído algunas veces, no lograba entenderlo por completo.
Mi celular empezó a sonar, odiaba esos momentos, cuando estaba leyendo un libro que me da mucha paz y de la nada algo me obligaba a salir de ese estado.
— ¿Bueno?- Contesté con desdén y sin ganas, a penas agarré el teléfono sin detenerme a mirar quién me llamó.
— ¡Vaya que tú genio es maravilloso!- Dijo Angela a penas me escuchó.
— Lo siento, estaba entretenida leyendo un libro, sabes lo mucho que odio salir de esos momentos.
— ¿Leyendo? ¿En tú cumpleaños?- Dijo como si se tratara de lo peor que pudiera estar haciendo.
— Sí, leyendo, sabes que lo amo.
— Eva acabas de cumplir 23 años y sigues encerrada en casa con tú abuela leyendo un libro, al menos podríamos salir hoy y disfrutar de tú cumpleaños. ¿Por favor?- Su voz casi me suplicaba, sé que estaba ansiosa de que dijera que sí.
— Sabes que no disfruto salir tanto como tú.- Miré a la ventana de mi cuarto, observando las paredes color amarillo pastel que adoraba.
— Lo sé Eva, pero de verdad quiero que mi mejor amiga esté conmigo.
— De acuerdo.- Dije al fin cediendo ante su insistencia.
— ¡Eso es maravilloso!- Su voz dio un grito de felicidad.- Pasaré por ti a las ocho de la noche, quiero que te pongas tú mejor traje y que te maquilles Eva, por favor, intenta al menos dar tú mejor versión esta noche.
Colgó segundos después, mientras yo llevé mis manos a la cabeza con total preocupación, elegir algo que ponerme, como maquillarme y como peinarme para salir me generaba demasiada ansiedad, ya que sentía que eso era lo más difícil que alguien podría hacer, incluso más que resolver un problema de matemática.
Respiré algunas veces y sin poder tranquilizarme por completo fui a buscar a mi abuela.
— Tengo un problema.- Dije con tono asustado.
— ¿Qué sucede Eva? ¿Cuál es el problema que te tiene tan ansiosa?
— Iré a una fiesta.
Ella soltó una leve sonrisa y me miró fijamente por unos segundos, acto seguido me abrazó.
— ¿Eso es lo que te preocupa?- Preguntó aún risueña.
— Abuela no te burles de mi desgracia por favor.
— ¿Desgracia Eva? Al contrario, estoy feliz de que tengas un plan para esta noche, que sea diferente a comer galletas y ver la tele con tu abuela.
— Pero yo adoro ese plan, al menos en mi cumpleaños, cuando hay galletas de muchos sabores.- Dije totalmente arrepentida de mi decisión.
— Salir con amigos será algo diferente y seguro que te hará muy bien, tienes que tratar de socializar con la gente, sabes que no podré estar siempre contigo.
— Abuela, sabes que odio que digas esas cosas. Ahora quiero que vengas conmigo y me ayudes a elegir algo que vestir esta noche, me provoca mucha ansiedad.
— De acuerdo, vamos Eva, tienes que lucir hermosa hoy.
Caminamos hacia mi habitación lentamente, al llegar mi abuela empezó a abrir mis cajones y armario, sacando pantalones, blusas y varios vestidos. Después de unos minutos ella se sentó en la cama y me miró fijamente.
— ¿Y bien? ¿Qué esperas para probarte lo que alisté para ti?
Yo solamente seguí la orden de mi abuela sin decirle nada y empecé a tomar la ropa que preparó.
El primer conjunto es una falda color negra, con un top del mismo color y un abrigo que llegaba hasta las rodillas color rojo, al ponérmelo ella me miró con felicidad.
El segundo conjunto es un vestido color n***o, que resaltaba mi figura, con algunas piedras y un encaje divino, me encantaba el vestido, pero no me gustaba como me quedaba.
Y el tercero un pantalón n***o tipo licra y una blusa color dorado.
— Realmente no sé por cuál decidirme, todos te quedan perfectos Eva.- Dijo mi abuela pensando qué opción podría lucir mejor en mí.- Pero definitivamente me quedo con el primer conjunto, el n***o junto con el rojo de verdad hacen que tú piel luzca tan bonita, te pondrás unos tacos negros y yo te peinaré.
Prácticamente mi abuela estaba eligiendo todo por mí, pero gracias a que yo no podía ser capaz de hacerlo, me conformaba.
Me puse la ropa, mi abuela me peinó y terminé con el maquillaje, cuando me miré al espejo me vi de manera totalmente diferente, desbordaba de felicidad, que llegara algún momento en el que me viera tan bonita me parecía tan lejano, pero viéndome frente al espejo sentí que por fin estaba lista para una fiesta.
Mi abuela salió de la habitación y minutos después regresó.
— Esto es para ti.- Me dijo extendiendo su mano.