Capítulo 2: Tengo un esposo.

1635 Palabras
Narra Alina Los gritos de mis amigas fue lo único que escuché, aquel impacto se escuchó muy fuerte, pero no lo sentimos; abrí mis ojos y me doy cuenta que otro auto se atravesó entre nosotras evitando aquel impacto. Esto es lo más cerca que he estado del peligro, casi siempre tengo personas cuidando de mí y evitando cualquier cosa por mínima que me pueda pasar. —Por Dios, ¡por Dios! ¿están bien chicas? —pregunta Abby. No teníamos palabras, otras estaban tan pálidas que parecían pedazos de papel. —Estamos bien —dije—. Fue solo el susto, estamos bien, chicas —repetí para calmarlas. El humo empezó a salir de aquel choque de autos que se dio frente a nosotras, algunas personas empezaron a acercarse para ver lo que pasaba y parece que no hay heridos, de aquel auto gris bajan dos hombres que se veían molestos y no dejaban de mirar nuestro auto. En mi cabeza tuve la idea de que esto no era un simple accidente, sentí que era intencional, pero luego; lo pensé con más claridad y negué con mi cabeza, no tiene ningún sentido lo que pienso. —El destino quiere que terminemos ese ensayo hoy, vamos al café necesito algo para estos nervios. El auto se pone en marcha y esquiva el accidente, nosotras no parábamos de temblar como gelatinas. Al llegar a este bonito café al que acostumbramos, no dejábamos de hablar sobre eso que nos pasó, nos costó concentrarnos y seguir nuestro trabajo, pero luego de un café cargado y de sentirnos mejor, pudimos hacerlo. —¿Qué usarás en la fiesta Ali? —No lo sé, tengo un par de vestidos que no he usado hace mucho, quizás algunos de ellos. —Por Dios, chica. Puedes comprarte más ropa, tienes con qué hacerlo, deja usar lo mismo de siempre. Mis amigas conocen parte de mi historia, mi nana me enseñó desde siempre a ser cuidadosa con lo que digo, me decía que es mejor que las personas me quieran por lo que soy y no por lo que tengo; así que les dije que mis padres viajan todo el tiempo, casi nunca están en la mansión. Ellas me han ido a visitar un par de veces, hasta se han quedado a pasar la noche. Son conscientes de que mi familia tiene muchas comodidades y concluyen de allí que puedo tener dinero, pero les digo que recibo una pequeña mesada mes a mes, no es suficiente como para comprar cosas costosas. —Mi papá no me ha dado la mesada de este, así que soy pobre en este momento. —Creo que ser hija del dueño de un banco tiene desventajas, tu padre viaja demasiado al punto de no verlo, quiere enseñarte a ahorrar limitándote a usar mucho dinero, en verdad que los adultos están perdiendo la cabeza. Seguimos en nuestro ensayo y vimos cómo la noche fue cayendo frente a nosotras. —¡Por fin! —gritamos al unísono. —Ya puedo tener paz, no dejaba de pensar que mañana es la entrega de este ensayo; el señor Brócoli puede ser intimidante cuando se lo propone. Le decimos así por su cabello rizado. —Tienes razón, no he planeado nada de mi cumpleaños aun porque solo tenía cabeza para esto. Así que, desde mañana Alina me ayudará a preparar mi fiesta. —Claro, cuenta con eso. Abby está emocionada por su cumpleaños, faltan casi dos meses para eso, pero todos los años soy yo quien le ayuda con la preparación. Recogimos todas las cosas para ahora sí, volver a nuestras casas, teníamos poco tiempo para ponernos lindas e ir a la fiesta. Una vez en el auto de Abby, ella nos llevó una a una a nuestras casas. —Pensé que Fabio iría al café —comenta la chica que conduce. —No, se le presentó algo, pero más tarde nos veremos; vendrá por mí para llevarme a la fiesta de Julieta. —Oh, bien entonces, supongo, que todos nos veremos más tarde. El auto de Abby se detiene frente a las enormes rejas de la mansión en la que vivo, le di un abrazo y le agradecí por traerme a casa. Al bajar, me di cuenta de algo poco usual, las rejas estaban abiertas y los del equipo de seguridad no estaban en sus lugares. Seguro están en la casa, pensé caminando un largo camino que conduce hacia la puerta principal. Afuera había un par de autos que no identifico, supuse que el abogado había venido y que alguien más vino con él, nadie más viene a esta casa, ni los vecinos se asoman por aquí. Entré a la casa y seguía sin ver a una sola persona. —Rebe, ya estoy en casa —dije como de costumbre—. ¿Rebe? Ella me responde desde donde esté y llega a mí para recibirme con un abrazo, pero parece que no está, ¿me estarán haciendo una broma? ¿Dónde están todos? —Rebecca Soler Aponte, ¿te escondes de mí? Dejé mi bolso en una pequeña sala de estar que tenemos para las visitas. —¿Dónde están todos? Si me hacen una broma, este no es el día, ¡Rebe, ya! ¡¿Dónde están?! Fui llegando a la principal y realmente no había nadie, di un par de pasos al interior de la sala y vi a un hombre que usaba capucha de pie en el lugar con un arma en su mano, me impacté y traté de correr, pero alguien aparece detrás de mí y me rodea. —No te muevas, Alina. No te haremos daño. Esas palabras no me tranquilizarían, empecé a forcejear y tratar de soltarme. —Le diré al jefe que la chica ya está aquí —dice el otro hombre que estaba en la sala y sale en dirección al despacho que tenemos en casa. No dejé de pelear, tenía que luchar, soy una mujer fuerte. —¡Ayuda! —grité. De inmediato el hombre pone su mano en mi boca y fue mi oportunidad para morderlo, en el momento que lo escuché gritar y me soltó, corrí como si no hubiera un mañana en dirección a las escaleras, mientras subía a toda prisa, escuché otros pasos y voces de hombres, hay más personas aquí. Corrí hacia mi habitación y cerré la puerta, me escondí debajo de la cama y tapé mi boca para no hacer ruidos. Mi corazón latía con fuerza, estaba sudando. Trataba de pensar en algo, no quiero morir aquí, pensaba en mi nana y también moría por dentro al pensar que puede estar lastimada ¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer? Recordé mi móvil y con cuidado de no hacer ruido, palpé mis bolsillos, pero para mí mala suerte no estaba, lo había dejado en mi morral. Luego, en unos segundos de lucidez, pensé que ocultarme aquí era una opción, por lo que consideré salir e irme hacia el exterior por la ventana de mi baño, en el momento que estaba lista para salir debajo de mi cama, escuché los pasos demasiado cerca, por lo que tuve que quedarme allí. Las voces estaban del otro lado de la puerta, moría con solo ver el reflejo debajo de ella. Mi respiración se agita más de lo normal, estaba muriendo de miedo. Vi mi vida pasar frente a mí cuando abren la puerta, lo supe en ese momento; estaba perdida. Vi los zapatos relucientes de un hombre, los pasos se acercan por lo que, en medio de mi miedo, solo cerré los ojos y tapé mi boca. Pensaba en que habían venido a robar la casa, me van a secuestrar y seguro que también me violarán. Aquellos pasos se escuchaban tan cerca que sentí que estaba perdida, de la nada, no volví a escuchar nada ¿será que se fue? Abrí mis ojos y en ese instante sentí que me tomaron por los tobillos y me halaron con fuerza fuera de mi escondite, aferré mis manos al piso, pero eso no fue suficiente. —¡No, ayuda! —grité—. No me hagan nada, llévense todo lo que quiera, pero no me hagan nada a mi o a mi nana. Este hombre me toma por la espalda, no pude ver su rostro, me pone de pie y trata de sacarme de la habitación. Sabía que si salí de estas cuatro paredes estaba a un paso de mi muerte, no dejé de luchar y me removí con todas mis fuerzas; este hombre tenía mis codos sujetados en mi espalda por lo que solo tenía chance de lastimarlo en la parte más cercana, su pen*. Di un golpe allí como pude y al soltarme quise correr afuera, pero otro sujeto encapuchado se atraviesa. —¿A dónde crees que vas? —No la dejes salir —dice con la voz en un hilo quien está sobando sus bolas detrás de mí. Me di la vuelta y vi a este sujeto doblado en dos, se apoyó de la pared y se fue poniendo erguido, este no tenía su rostro cubierto. —¿Quién eres? ¿Qué mierd* quieres? Aquí no hay nada, solo lo que ves, llévense todo lo que quieran, pero no nos hagan nada. No sé cómo entraron, pero tan pronto la policía sepa, vendrán y se podrirán en la cárcel. —Golpeas fuerte, Alina —comenta el tipo dando un paso hacia mí. —¡No te acerques! Ya, ¿Dime quién eres? ¿Qué carajos quieres de mí? ¿Y por qué sabes mi nombre? —Soy Leonardo Giordano, soy tu esposo —comenta con una sonrisita. —¿Qué mierd…? Alguien pone un saco n***o en mi rostro y desde ese momento no supe más del mundo.
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