Narra Alina
—Siempre he tenido este collar, Rebe, ¿Quién me lo regaló? ¿fuiste tú?
—No, cariño. Ese collar fue un obsequio de tu padre, él mismo lo abrochó en tu cuello el día que nos vinimos a España.
Miré el colgante que tiene el collar y parece una lágrima de sangre.
—Este collar parece triste, es como una lágrima de sangre —mencioné dentro de mi inocencia.
Mi nana se ríe y niega con su cabeza.
—No cariño, no es una lágrima de sangre, esa piedra de color rojo en forma de gota representa el amor y la nobleza; esto mi niña, es una piedra preciosa que vale mucho, se llama rubí. Tus padres aquí simbolizan lo mucho que te aman, esta piedra es para tu buena suerte y para que siempre recuerdes lo mucho que te quieren y lo mucho que vales.
Estaba volviendo en mí, seguía aún con mis ojos cerrados, tocaba mi pecho y sentí mi collar conmigo. Poco a poco iban llegando algunos recuerdos de lo que había pasado, recordé a mis amigas y el accidente que casi tuvimos, recordé que llegamos al café y que hicimos nuestro trabajo; que Abby me llevó a casa y que…
—¡Rebeca! —dije en voz alta abriendo mis ojos de golpe.
Miré a un punto fijo recordando a los hombres que entraron a mi casa, que pusieron un saco oscuro en mi cabeza y que… Oh, ¿Qué me hicieron? Desde allí no recuerdo más.
Miré mis manos y pensé que me vería atada, pero no, mis pies y mis manos estaban libres. Miré donde estaba y me encontraba recostada en una cama que…
—¿Dónde estoy?
Creí que estaría en un calabozo o un lugar terrible, pero estoy en una bonita y amplia habitación. Moví mis piernas un poco y las puse en el suelo, traté de ponerme de pie, pero sentí un ligero mareo, creo que drogaron.
Por unos segundos el mundo me dio vueltas, me quedé de pie sin moverme esperando a que el equilibrio regresara a mí.
Volví a mirar mis brazos para asegurarme de no estar lastimada, no tenía ni un solo rasguño.
—¿Dónde carajos estoy? ¿Qué mierd* está pasando?
Di varios pasos y traté de encontrar una salida, vi una puerta y esta me llevó a un lujoso baño. Salí empezando a sentir el calor y fuerza en mi cuerpo, corrí a la otra puerta y tenía seguro, no podía abrirla, lo que quiere decir que esta es la salida.
—¡Ayuda! ¡¿Alguien me escucha?! —grité con fuerza—. ¡Sáquenme de aquí! ¡Auxilio!
Le di puños y patadas a la puerta, no paré hasta escuchar que alguien se acercaba, necesito saber que sucede.
Me alejé de la puerta cuando escuché que ingresaron la llave, retrocedí y me hice detrás de la cama, tragaba sonoramente la saliva que tenía en mi boca porque temía encontrarme con algo que no me gustara.
—¿Por qué haces tanto escándalo?
Aquel hombre que entró a mi habitación aparece de nuevo, entra sosteniendo un cigarro en sus manos. El caballero me mira levantado una ceja y se sienta a un lado donde está un sillón. El hombre inhala su cigarro y suelta el humo en el aire, se cruza de piernas y se acomoda mirándome con expresión de desagrado.
Vi la puerta abierta y consideré la posibilidad de correr, pero esperaba el momento perfecto para hacerlo.
—¿Dónde está Rebecca? ¿Quiero saber si mi nana está bien?
—Está dormida en la habitación de al lado, también deberías estar descansando, ¿no te sientes cansada acaso?
El cinismo con el que me habla me hace creer que me toma del pelo.
—Quiero ver que ella está con vida, ¡Quiero verla! —grité.
—¿Por qué gritas? —cuestiona frunciendo sus cejas.
El tipo saca su teléfono y hace algo en la pantalla, luego lo gira hacia mí y me muestra lo que parece ser una habitación parecida a esta donde una mujer descansa en una cama.
Enchiné mis ojos y medio me incliné para enfocarla bien, no estaba segura de que sea mi nana.
—Acércate, es ella, te digo que duerme mientras tú haces un espectáculo.
Con nerviosismo di un par de pasos, rodeé la cama y traté de acercarme lo suficiente para ver lo que había en la pantalla.
—Rebe —susurré al verla descansar, estaba dormida porque la vi removerse y acomodarse para seguir descansando.
—¿Es todo? ¿con esto dejarás de gritar y patear las puertas de mi mansión?
No dije nada solo me senté en el borde de la cama y seguí con mis preguntas.
—Si no me robaste y no lastimaste a las personas que viven conmigo, entonces ¿Qué sucede? ¿Por qué estoy aquí?
No comprendo nada, no fue un robo, no es un secuestro, ¿Qué carajos es?
—Quiero saber que pasa —seguí con mis dudas—. ¿Quién eres tú y por qué estoy aquí?
—Soy Leonardo Giordano, ya te lo había dicho, soy tu esposo.
—¿Mi qué?
—No lo sabías, por eso ahora te cuento, soy tu esposo desde hace unos tres años. Firmaste nuestro acuerdo de nupcias el día que cumpliste la mayoría de edad, el abogado, Lorenzo Berlusconi Russó, te los entregó.
—Lorenzo no me dio nada de eso, yo no firmé ningún acuer… yo no…
Eso que creí leer aquel día parece que ahora tiene sentido, yo vi el nombre de Leonardo en aquel documento, yo… bajé mi cabeza recordando aquello que pasé por alto por años, lo miré de nuevo y negué sin poderlo creer.
—Eso no puede ser posible, ¿Por qué no me lo dijo? Lorenzo es alguien de confianza, lo conozco desde que era una niña, él no me dijo nada de esto ¿Por qué no me lo dijo?
—Porque yo se lo pedí, por eso.
No comprendía lo que pasaba, quiere decir que este sujeto conoce al abogado que ha cuidado de todo lo que mi padre me había dejado, ¿eso cómo es posible? Yo lo conozco desde que tengo uso de razón y el abogado Berlusconi siempre ha sido de confianza.
—Eso no tiene sentido, no puede ser posible que él haga algo así, lo engañaste para que hiciera eso; pero ¿por qué?
—De verdad ¿no lo sabes?
Leonardo tira el cigarrón al suelo y lo aplasta con la punta de su zapato.
—Lorenzo trabaja para mi familia desde hace muchos años, trabajó para mi padre Giovanni Giordano, él fue quien llevó a Lorenzo a tu casa y fue quien le pidió hacerse cargo de tus asuntos legales, de tus propiedades y de todo lo que dejaron tus padres para ti.
Giovanni es alguien que recuerdo con claridad, fue el amigo de mi padre, alguien que al igual que Lorenzo, conocí desde niña, pero que de la nada dejó de visitarme.
—Necesito hablar con Giovanni, si eso es cierto, quiero que le mismo me lo diga.
—Mi padre no puede hablar contigo, falleció hace tres años.
Abrí mis ojos y tapé mi boca ante el asombro, no podía creer que él estaba muerto.
—Tiene que ser una broma.
—Enfermó y falleció, las personas mueren, Alina, nadie es eterno.
Me puse de pie y agité mi cabeza.
—No comprendo aun nada del por qué estoy aquí, nada tiene sentido y nada justifica que me hayas raptado y traído a esta mansión, menos que me hayas engañado para casarte conmigo. No comprendo nada, ahora Lorenzo trabaja para tu familia y Giovanni es tu padre y está… muerto, ¡¿Qué carajo pasa?!
Leonardo también se pone de pie y camina hasta la puerta, parece que ahora quiere marcharse y dejarme con todas estas dudas.
—Quiero saber lo que pasa, no puedes irte sin decirme que mierd* pasa ¡merezco saber que sucede! —volvía a gritar.
El hombre se detiene y me mira de reojo por encima de su hombro.
—Te contaré, pero no vuelvas a gritar.
—Está bien, pero quiero que me digas la verdad de lo que pasa.
Me senté de nuevo en el borde de la cama y lo miré detenidamente.
—El hombre que te visitaba y te protegió desde que eras una niña, Giovanni Giordano, es mi padre; era un amigo cercano de Vladimir Volkova, tu padre. Vladimir fue importante en la vida de los Giordano porque fue quien le ayudó a mi padre a ser quien fue, desde que eran jóvenes le enseñó tantas cosas que lo convirtieron en un hombre poderoso, por eso, mi padre siempre ha sentido gratitud hacia Vladimir y su familia. Por eso, cuando tu padre murió, mi padre prometió hacerse cargo de su pequeña hija.
Ante la historia de amigos agradecidos, sentía que faltaba algo, darle ayuda a alguien no le exige que tome una obligación que no le corresponde por tantos años. Siento que falta información para fundamentar todo lo que este hombre ahora hace por mí, sigo sin entender la razón por la que ahora estoy en su mansión.
—Necesito saber más —dije con tono serio.
—Mi padre te mantuvo vigilada, él contrató al equipo de seguridad que desde entonces a velado por tu bienestar. Su misión era mantenerte segura, pero claro, de eso no estaba enterado; supe de ti y de tu padre el día que mi padre falleció, ese día me hizo jurarle que yo me haría cargo de tu seguridad, también me pidió que me casara contigo y así hacerme cargo de ti hasta el final de mis días.
—Algo no tiene sentido, ¿Cómo hacerse cargo de mi seguridad? ¿Quién podría querer lastimarme? Eso no… eso no tiene sentido para mí. No era necesario que te casaras y menos que me trajeras a este lugar.
—Fue una promesa que le hice a mi padre y nunca se falla a una promesa. Y, aunque no creas, si hay personas que quieren borrarte de la faz de la tierra.
Volví a fruncir mi ceño, ¿Cómo que borrarme de la faz de la tierra?
Ahora tengo más dudas que antes.