Sinclair inicia a estimular mi clítoris mientras su erección permanece en la entrada de mi cavidad haciendo presión. Enloquecida y gimiendo sin control me aferro a las sábanas. Mis piernas comienzan a temblar y prontamente me corro, la intensidad del orgasmo me sacude toda. Agitada y con el calor por las nubes por el deseo que siento lo miro a los ojos con los míos llorosos por el placer, Sinclair empieza a masturbarse sin alejarse de mi cavidad, lo miro confundida y cuando veo que cierra los ojos y echa la cabeza hacia atrás siento como me moja, me descoloco cuando finalmente deja de gruñir y me alza las piernas de modo que solo quede recostada a la cama sobre mis hombros prácticamente. ―No puedo hacerlo, no puedes dejarte llevar, no cuando estás así― me mira a los ojos sin soltarme ―q

