Hombres y mujeres desnudos, entrelazados en sofás de terciopelo. Una pareja se besaba con desesperación en el centro de la sala, mientras otro hombre detrás de la mujer la penetraba sin pausa. Más allá, una mujer montaba a su amante sobre una silla, gimiendo abiertamente mientras otros observaban sin pudor. Algunos preferían la penumbra de los rincones, manos explorando, bocas devorando piel. Era un espectáculo de lujuria sin máscaras ni vergüenza. Evanya no se detuvo, aunque sus mejillas ardían con la intensidad de lo que veía. Se abrió paso entre cuerpos y murmullos hasta que una voz conocida la llamó. —Gadjí —saludó la voz grave del romaní. Giró y lo vio: Zoran, con su porte indomable, vestido de n***o, una sonrisa ladeada en el rostro. Sus ojos oscuros brillaban con un fulgor salva

