—Vamos —ordenó sin mirarla demasiado, caminando hacia el ascensor. Ella lo siguió, alisándose el vestido, intentando mantener la calma que siempre se resquebrajaba cuando estaba demasiado cerca. Al llegar, las puertas se abrieron y ambos entraron junto con varias personas. Era hora de almuerzo, y la torre parecía un enjambre humano. El espacio reducido la obligó a pegarse un poco a un lado, hasta que en algún momento él quedó detrás de ella. Evanya se tensó, tragando saliva, rogando que él no lo notara. Pero entonces, cuando el ascensor se detuvo en el siguiente piso y dos ejecutivos más entraron, el cuerpo de Azran quedó justo pegado a su espalda. El aire se le atascó en la garganta. Podía sentirlo. Su pecho firme contra sus omóplatos, el calor de su cuerpo filtrándose a través de la

