—Pero ahora… —sus palabras fueron un roce, un murmullo letal contra el filo de su oído— …los quiero en otra parte. Evanya tragó saliva. El pulso le martilleaba las sienes, y el vestido n***o ajustado que cubría su cuerpo parecía encoger con cada respiración. No necesitaba más. No necesitaba instrucciones ni ruegos. Solo ese tono bajo, quebrado por el deseo, para que su cuerpo actuara por instinto. Sus tacones chocaron suavemente contra el piso al dar un paso hacia él. Otro. Hasta que quedó frente a frente con esa máscara que le robaba el aliento. Y entonces, sin pronunciar palabra, se dejó caer lentamente de rodillas. Pantera no se movió. No la ayudó. No la detuvo. Solo la observó, con ese silencio tenso que decía más que cualquier orden. El contacto visual fue un incendio. Sus ojos, o

