Caelan se dejó ir segundos después, gruñendo su nombre entre dientes mientras se corría dentro de ella, llenándola sin pausa hasta perder el aliento. Jenna sonrió, agotada, con ese humor descarado que siempre le salía después de tener sexo con él. —Gracias por mi sushi matutino… —susurró, acariciando su rostro sudoroso. Él frunció el ceño, entre divertido y molesto. —Deja de llamarme así. —¿Por qué? Es lindo… además, me alimentas bien. —Jenna soltó una risa baja, con esa frescura que contrastaba con la intensidad de la noche. Caelan no respondió. Volvió a besarla, esta vez con menos agresividad, solo saboreando su boca, como si quisiera alargar ese momento. Pero Jenna lo conocía demasiado bien. —Aunque es placentero tener un par de orgasmos por la mañana, tengo que ir a trabajar —dij

