Pero al mismo tiempo, estaba excitado. Su cuerpo reaccionaba con una intensidad que no entendía. Esa mujer lo había golpeado, lo había insultado, lo había dejado tirado con dinero en la cara. Y en lugar de querer borrarla de la faz de la tierra, lo único que quería era volver a verla. Se pasó una mano por el rostro, riéndose bajo, con incredulidad. —Maldita loca… —murmuró, y esa sonrisa torcida volvió a sus labios. Esa mujer, sin saberlo, acababa de despertar en él un interés que no pensaba dejar morir. Brennan se quedó plantado en medio de la calle, todavía con la mejilla encendida por la cachetada. Se pasó los dedos por la piel, presionándola, como si no pudiera creerse que una maldita mujer lo había golpeado. Su mirada se alzó justo a tiempo para ver el auto de la rubia alejándose.

