Las caderas de Justin se mecían con fuerza, chocando con la carne de Lucy mientras la empotraba sin descanso contra la pared del pasillo. Ella apenas podía sostenerse, sus piernas rodeaban su cintura y sus uñas se clavaban en su espalda. Los gemidos salían entrecortados de su garganta, como si cada embestida le arrancara el aire, y aun así lo abrazaba más fuerte, desesperada, como si temiera que él la soltara. Justin gruñía, apretando los dientes, descargando toda la rabia que arrastraba desde la calle. Todavía tenía la cara hinchada, el labio partido y la camisa desgarrada por la paliza que le habían dado los matones de Pantera. Lo habían dejado tirado como basura en un callejón de Brooklyn, sangrando, con las costillas ardiendo y el orgullo hecho mierda. La deuda había crecido, el hijo

