No iba solo. En su vehículo, lo acompañaba el mismo sujeto que le había entregado el expediente, Zarpa. Renzo se detuvo en un semáforo cerca de una zona menos transitada. Caelan no esperó a que el semáforo cambiara y aceleró. El impacto no fue fuerte. Apenas una maniobra precisa, lo suficiente para interrumpirle el camino y desestabilizarlo. Bajó del auto con seguridad, mientras el otro hombre se acercaba por el lado del copiloto. —¿Pero qué…? —Renzo abrió la puerta, furioso. —Cierra la boca —dijo Caelan, y lo golpeó de lleno en la cara. El sonido del cráneo contra el marco de la puerta fue seco. Renzo cayó de lado, aturdido, y antes de que pudiera gritar, el otro ya le colocaba una capucha negra sobre la cabeza. Pantera no era un mafioso. Pero a veces se portaba como si lo fuera.

