—Mierda… —gruñó, apretando más fuerte, buscando más. Más de ella. Sus músculos se tensaron. Su espalda se arqueó. El placer lo golpeó como una ola brutal. Su orgasmo estalló sobre la tela, manchándola con su semilla. Un gruñido ronco escapó de su garganta. Todo su cuerpo temblaba. Quedó recostado, con el pecho subiendo y bajando al ritmo de su respiración entrecortada. Su mano aún sostenía las bragas húmedas. El olor era más intenso ahora. Más suyo. Afuera, la noche seguía callada. Pero dentro, solo el zumbido del aire acondicionado y el eco de sus pensamientos era lo que resonaba. Ella no iría a trabajar esa noche. Lo sabía. Había visto su mirada desde la noche anterior. Pantera sonrió de lado. Una sonrisa oscura, perversa. Se incorporó ligeramente, aun jadeando, y susurró con voz r

