Caelan bajó la mirada por un segundo, como si procesara el peso implícito de ese encargo. Luego volvió a levantarla y asintió. —Entendido. Pantera no dijo más. Siguió su camino por el pasillo, sus pasos firmes resonando sobre el mármol. Atravesó los corredores sin mirar atrás, descendiendo hacia la planta baja donde ya lo esperaba su auto. No solía dormir con nadie. Esa simple acción —quedarse en esa cama después de poseerla, después de ensuciarla con su cuerpo y su deseo— había sido una transgresión. Una ruptura de su código no escrito. Dormir al lado de una mujer para él no era descanso, no era intimidad: era exposición. Vulnerabilidad. Implicaba quitarse la máscara y exponer su identidad ante una mujer. Evanya había visto a Pantera. Lo había tocado, lo había sentido. Y también hab

