Si Evanya pensó que aquella noche terminaría ahí, no podía estar más lejos de la realidad. Pantera apenas estaba comenzando. Aquel momento en que ella se había tocado para él, obedeciendo sus órdenes con las mejillas encendidas y el cuerpo tembloroso de anticipación, había sido solo el primer paso. El primero de muchos. Él no estaba satisfecho con una simple muestra de sumisión. Quería verla entregarse una y otra vez, sin restricciones, sin excusas. Y lo hizo. No pasó mucho tiempo luego de que se corriera dentro del látex mientras ella lo montaba sobre ese sillón, cuando Pantera ya se encontraba nuevamente duro. La noche se volvió un torbellino sin salida de deseo salvaje y placer crudo. En su habitación privada, con la puerta cerrada y el mundo olvidado tras los muros de la mansión

