El jet despegó suavemente, y pronto estaban sobre las nubes. Afuera, el cielo era una mezcla de azul oscuro y plateado por la luz de la luna. El asistente volvió con una bandeja para ella: un pequeño plato de salmón, pan recién horneado y fruta fresca. —Gracias —murmuró Evanya. Comió en silencio, aunque cada tanto sentía la mirada de Azran sobre ella. Cuando alzaba los ojos, él desviaba la vista hacia su IPad, pero la tensión en el aire era evidente. Entre bocado y bocado, Evanya se atrevió a preguntar: —¿Este… hombre importante que vamos a ver… es un cliente? —No exactamente, digamos que es una especie de socio —respondió Azran, sin dar más detalles. Ella sabía que no sacaría más información. Azran solo decía lo que quería, cuando quería. Así que bebió un sorbo de agua y dejó el te

