El sonido del timbre me sobresaltó. Había estado esperando este momento con una mezcla de ansiedad y frustración. Caminé hacia la puerta y la abrí con un suspiro. Allí estaba él, con su postura arrogante y ese aire de superioridad que nunca parecía abandonarlo. —Hola, Jenifer —dijo Andrés con su tono condescendiente de siempre. —Pasa —respondí, dándome la vuelta para guiarlo hacia la sala. Alex estaba sentado en el sofá con su peluche favorito en brazos. Cuando vio a Andrés, su expresión se volvió cautelosa. Andrés se acercó con una sonrisa forzada y sacó un auto de juguete de su bolso. Lo sostuvo frente a Alex como si fuera un tesoro invaluable. —Hola, campeón. Te traje un regalo. Es un auto de carrera, muy rápido. Estoy seguro de que te encantará. Alex miró el auto por unos segundos

