Mientras trabajaba, mi jefe me pidió que le llevara dos cafés, algo que no era novedad en él. Cuando llegué a su oficina, casi dejo caer todo al suelo al darme cuenta de que Elliot Morgan estaba allí. No podía creer lo que veía. —Te pusiste pálida... —se ríe Leo—. Creo que olvidé mencionarte que el famoso Elliot Morgan es mi amigo de la infancia. Ella es Jennifer Smith, mi asistente y mi mano derecha. —Es un gusto, señorita Smith —dijo Elliot, tomando mi mano con firmeza. Yo estaba visiblemente nerviosa, preguntándome cómo podría ocultarle que yo era la madre del niño que había interrumpido su boda. Su mirada era penetrante, seria, como si estuviera evaluándome en cada movimiento. Mi corazón latía con fuerza mientras intentaba mantener la calma, sin dejar que él notara mi inquietud. .

