CAPÍTULO VEINTE Caitlin había perdido la noción del tiempo y del lugar. No tenía ni idea cuántas horas había estado en esa habitación secreta detrás de esa librería rara, revisando frenéticamente pilas y pilas de libros. Había montañas de libros. Peor aún, estaban arrojados al azar, en posiciones y direcciones diferentes, era casi como si alguien hubiera tratado deliberadamente de tenerlos desorganizados. Tal vez ése era el punto: quizás quien lo hizo quería ocultar ese libro. Caitlin había visto verdaderos caos a lo largo de su carrera en las librerías y bibliotecas, pero que nunca había visto algo así. No sólo había muchos libros, pero todos eran muy raros y muy valiosos. Ella se sorprendió. Nunca había visto tantos tesoros bajo un mismo techo. Algunos de los libros que sus manos tocar

