CAPÍTULO VEINTIUNO Desde la terraza trasera de la casa Sage observaba su último ocaso sobre el río Hudson. Había guardado sus maletas en el maletero de su coche y estaba listo para partir. Nadie lo había visto a empacar, excepto su hermana, el resto de su clan había estado afuera, ocupado durante el día. Después de su pequeña discusión, ella lo había dejado solo, y había ido Dios sabe dónde. Sage se sentía mal. Los dos tenían una relación larga y complicada, tan complicada como una relación entre hermanos de dos mil años podría ser. Por un lado, ella siempre era su mayor crítica, dispuesta a señalar sus defectos, y siempre era la primera en quejarse con sus padres cuando hacía algo mal. Por otro lado, siempre había tenido la sensación de que en el fondo ella estaba unida a él, y realme

