Capitulo I: Frank Harper
Sienna
00: 25.
Marcaba el reloj en la pared. La única era la que proyectaba mi Laptop, me encontraba
inmersa en plena oscuridad. Todos mis compañeros ya se habían marchado de las oficinas
horas atrás, en el horario habitual. Pero yo no soy así. Soy extremadamente perfeccionista, no
importa cuánto deba presionarme.
Exactamente hace dos semanas estaba en la búsqueda de una historia del medio Político de
esta ciudad que pudiera ayudarme a no ser despedida.
Mi jefe me había advertido que si no la conseguía, mi único camino era el de salida.
Buscaba entrevistas entre los principales candidatos y nada. Todo mi día se basó en llamar por
teléfono y tratar de conseguirlas. Todas sus secretarias decían que no tenían disponibilidad
para hacer entrevistas en estos momentos. Pero en realidad yo sabía que ellos seleccionaban
con que periodistas iban a ser entrevistados y yo no entraba en esa selección.
Decidí irme frustrada y cansada hasta mi departamento.
Las luces y el ruido de la ciudad en un viernes por la noche me animaron, necesitaba
despejarme y sacarme un poco las presiones de encima.
Marque automáticamente el número de mi mejor amiga Miley, ella siempre estaba lista para
salir de fiesta. A los dos tonos una voz familiar y chillona llego a mis oídos.
-Siennaaaaa.- Los ruidos detrás de su voz no paraban, era como si estuviera en un Pub.- Estoy
tomando algo con mi grupo de trabajo, ven para aquí.
No me dejo ni contestar.
-Te paso la Ubicación por texto, chauuuuu.- agrego demasiado animada por el alcohol, la
conocía de memoria.
Cuando Llegue a la puerta un cartel de neón gigante me indicaba que estaba en el lugar
correcto. “Paradise”, un Pub de clase alta, exclusivo y reservado para personas de alto nivel
adquisitivo. No era mi caso, pero Miley venia de una familia adinerada, nuestras vidas se
cruzaron en la universidad y de ahí nunca más nos despegamos. Conozco todos estos lugares
gracias a ella.
Una vez adentro no me costó nada de tiempo reconocerla, cabello platinado con dos
mechones rosas enmarcando su cara. Siempre elegante y llamativa. Sin contar que su
personalidad combinaba con su estilo. Completamente escandalosa.
Sus ojos expectantes me miraban y se relamía los labios. Mi estómago se descompuso. No
sabía de qué manera rechazarlo sin ofenderlo. No parecía un mal chico, pero en mi interior me
provocaba rechazo.
-Eric, yo…
De repente una mano gigante y fuerte envolvió la mía firmemente. Me di vuelta y pude ver
quien era. Era el…
-Nena ¿nos vamos? El coche nos está esperando.- dijo mirándome, ignorando por completo a
Eric. Sus ojos me mantenían la mirada fuertemente, como dándome implícitamente una
orden. Mi cuerpo reaccionaba instantáneamente a cada estimulo que él me brindaba.
Sin dudarlo ni un segundo, me gire y conteste lo que mucho más adelante me arrepentiría, y
no lo sabía.
-Sí, vamos.